Oct 9, 2013

El hábito de la lectura desde el habitus de Pierre Bourdieu

Por toto

El presente texto, del que podría decirse es la continuidad del texto anterior, tiene como pretensión reflexionar alrededor de la pregunta: ¿desde dónde se podría concebir el hábito de la lectura?  Para ello, se tiene en cuenta que se percibe la lectura desde su dimensión social, es decir, como una práctica que pueda ser realizada en los entornos cotidianos de los sujetos. Por tanto, se considera pertinente que la reflexión se aborde a partir del concepto de habitus planteado por Pierre Bourdieu, en tanto da luces que bien pueden asumirse para la ejecución de acciones y estrategias mediante las cuales se pueda llevar a buen fin esta pretensión de hacer de la lectura un hábito.

¿Cómo podría “llegar” el hábito; y por tanto, el hábito de leer?

Desde una definición muy básica de la psicología se tiene que el hábito es la “tendencia latente a una determinada conducta”; y asimismo, que es “una acción manifiesta o latente que reaparece en situaciones similares”. (Dorsch, 1994, p. 364). El hábito por lo tanto, según esta misma fuente, se relaciona con el aprendizaje.

De ahí, que para considerarse dentro del marco del aprendizaje, el hábito implica un proceso que, por razones obvias, debe tener un inicio, más no un final, sino más bien unas construcciones cada vez mejor elaboradas, dependiendo de aspectos psicológicos, culturales y sociales; esto es, según la proyección que cada sujeto asume y lo que relaciona para sí del entorno y el contexto.  Desde esta óptica, se podría plantear entonces otra pregunta: ¿el hábito se hereda, se transmite o se adquiere?

Si se presume como una herencia relacionada con una “riqueza” determinada, se tendría, por tanto, que quienes la poseían o poseen debieron generarla a partir de iniciativas, momentos, prácticas y proyecciones, etc., y que, como tal, beneficiaría al heredero, eso sí, si éste la recibe para la proyección y construcción de mejores “cosas”.

Enmarcado como herencia, por consiguiente, el hábito de la lectura necesitaría de ser recibido bajo la premisa de ser algo apreciado que ha sido conservado porque se consideró que puede beneficiar la ambición personal o profesional, en la perspectiva de ser sujetos con una mirada más holística respecto a lo que implica vivir con los otros y con lo otro. En este caso el hábito de la lectura tendría como característica el de ser “algo entregado…”.

En cuanto a avizorarse como una transmisión, significaría hablar, posiblemente, desde un aspecto cultural que requirió de tiempo, de unas costumbres acordadas que generaron prácticas, entre ellas, la lectura; lo que implicó, por lo tanto, el que se tuvieran unas convicciones y unas simbologías para que la acción de transmitir pudiese encontrar sujetos dispuestos, desde la convicción, a ser parte de esa cadena de transmisión.   

Frente al hábito como adquisición, y relacionándolo también con una muy simplificada definición desde la pedagogía, se plantea que “[…] es una adaptación activa o pasiva adquirida por la experiencia, que se añade a la adaptación biológica, originaria”. (Dorsch, 1994, p. 364).

Ahora, a partir de lo anterior valdría la pena preguntarse ¿cómo adaptar el hábito de la lectura cuando en la experiencia no se cuenta con herencias o transmisiones de lectura, es decir, cuando en una sociedad gran parte de la población, por razones de toda índole, no ha experimentado un encuentro sensato con el libro y la lectura? 

En este plano la adquisición del hábito lector involucra especialmente las decisiones del sujeto en relación a la manera como el entorno y el contexto le ofrece lo que pretende que adquiera. Y al hablar de decisiones por parte del sujeto, se habla de los intereses, las expectativas y, hasta las utilidades prácticas que le pueda dar lo que desean que él adquiera; ¿y si el sujeto, por decisión o por gusto, no desea adquirir el hábito de la lectura? ¿Y si, como lo plantea Martín Barbero (2005), el sujeto ha adquirido otros modos de leer, por qué solo se le promueve el texto escrito?

En aras de brindarle a la promoción de lectura elementos que le permitan identificar acciones, estrategias, gustos y posibilidades para trabajar en pro del hábito, sería interesante que los estudios respecto al tema, más allá de preguntarse sobre si aumentó o no el hábito lector, se preguntaran sobre qué le gustaría leer al padre, a la madre, a los hijos, a los maestros y estudiantes de educación básica, media y superior, al obrero, al doctor, etc., esto, quizás, entregaría unas respuestas que, desde lo cualitativo, permitirían, probablemente, saber si hay o no herencias, transmisiones y adquisiciones respecto a la lectura, y especialmente, los aspectos específicos que los rodean.     

La lectura desde el habitus de Pierre Bourdieu

Bourdieu concibe el habitus como

Un sistema de disposiciones durables y transferibles - estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes - que integran todas las experiencias pasadas y funciona en cada momento como matriz estructurante de las percepciones, las apreciaciones y las acciones de los agentes de cara a una coyuntura o acontecimiento y que él contribuye a producir. (Bourdieu, 1972, p. 178).

Asumida desde esta lógica, la lectura como sistema de disposiciones durables y transferibles, implicaría que en algunos de los espacios cotidianos en que se mueven los sujetos existan disposiciones, lo que para el presente texto se asume como simbologías, que le posibiliten al sujeto, en la dimensión de Bourdieu, la incorporación y/o aumento del capital simbólico (2013) a través del cual se herede, se transmita o se adquiera el hábito de la lectura. Esto es, si en el ámbito familiar se realizan acciones como: habitaciones con afiches en pro del libro, la música, obras de teatro, rondas infantiles (en el caso de los niños); contar con una biblioteca; de igual manera, que se lea por parte de madres y padres de familia, y que se generen discusiones en torno a artículos, libros, autores, la música, la realidad, etc., quizás los niños y jóvenes que hacen parte de este ámbito familiar asumirían la lectura casi como algo natural.     

Y si a esto se le suma el hecho de que la escuela propenda por un proyecto de lectura transversal al currículo; estrategias pedagógicas donde se promueva la lectura de una poesía, una noticia de periódico, un cuento interactivo, la biografía de Baldor, etc., no importando si se es maestro de matemáticas, sociales, etc., unido a maestros usuarios constantes de la biblioteca y lectores en los pasillos, en la sala de maestros, etc., probablemente esto contribuiría de manera significativa a que los estudiantes incrementen o vayan estructurando el hábito lector como una práctica solvente en su proyección como sujetos sociales y visionarios.

Asimismo, si en los espacios heterogéneos donde confluye gran parte de la sociedad alrededor del libro, la lectura y la cultura como son las bibliotecas públicas, se conciben estrategias que posibiliten no solo el encuentro con el mundo de la ficción o la poesía, sino también con el mundo de la realidad, leyendo el periódico o un artículo de revista, o un invento o una biografía en grupo, se estaría brindando, quizás, elementos que permitirían también la estructuración para la lectura de la realidad; sujetos lectores pero también informados y formados para cumplir roles respecto a valores sociales, ciudadanos y políticos.   

Pero, este sistema de simbologías y acciones debe estar apoyado por unos parámetros gubernamentales que lleven a que ese capital lector incorporado en la familia y la escuela, se traduzca en una propuesta estructurada que contribuya con la proyección de los sujetos que conforman la sociedad. Es decir, se estaría hablando de una propuesta estructurante que permea el entorno familiar, escolar y social con la práctica de la lectura, y que provee a la sociedad de sujetos cuyas percepciones y decisiones sobre la realidad, estarían girando en pro de generar también un desarrollo social, económico, político y cultural.

La lectura entonces asumida desde el habitus, necesita del compromiso por parte de quienes conforman los diferentes entornos del contexto social para poder vislumbrarse como una práctica estructurada que estructura comportamientos y visiones, a partir de los cuales se sustenta el bienestar y el desarrollo de una sociedad.

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* Barbero Martín, Jesús. (2005). Los modos de leer. Bogotá. Centro de Competencia en Comunicación para América Latina. En: http://www.fesmedia-latin-america.org/uploads/media/Los_modos_de_leer.pdf

* Bourdieu, Pierre. (1972). El sentido práctico. Madrid: Ediciones Taurus.

* Chartier, Roger. (2002). Prácticas de lectura. Bolivia: Plural Editores.

* Dewey, John. (2004). La opinión pública y sus problemas. Madrid: Ediciones Morata.

* Dorsch, Friedrich. (1994). diccionario de Psicología. españa: Ediciones Herder







Apr 18, 2012

El lector legitimado: dime qué lees y veré si te saludo

Por: toto

          Daniel Pennac en su libro Como una novela establece los Derechos imprescindibles del lector, en los que, entre otros, se encuentran “5. El derecho a leer cualquier cosa / 6. El derecho a leer lo que me gusta”.

Entendidos desde la perspectiva de la sociología de la lectura, se podría decir que, de acuerdo al capital cultural (Bourdieu, 1979) de los sujetos, cuya configuración se ha establecido desde un marco histórico, de interacción y de simbología, es decir, cuyas construcciones socioculturales, en ocasiones requieren de tiempo y de bagaje vital para concebirse dentro de sus percepciones, no es éticamente adecuado direccionar su práctica y gusto lector. Esto es, y para ser más específico, considerar que quienes ya tienen unas lecturas del mundo (Freire, 1991), que bien pueden estar concebidas desde dogmas establecidos en el seno familiar, deben “iniciar un proceso lector” de acuerdo a determinados comportamientos y apetencias de quienes promueven la lectura, es pretender dogmatizar su práctica lectora, sin percatar que éste también tiene establecido, desde su historicidad lectora, un marco orientador y de representación frente a dicha práctica.            

En esta medida, y concibiéndola como práctica social, la práctica lectora se realiza a partir de los valores y las concepciones que se tengan desde el capital cultural. Por lo tanto, para promoverla, se hace necesario que el promotor tenga presente el plano de inscripciones culturales con los que viene configurado el pensar y el hacer del futuro “buen lector”. Esto, en tanto, es común ver en los espacios de promoción de lectura ciertos comportamientos por parte de algunos promotores que, haciendo gala de su “experticia lectora y literaria”, emanan discursos y recomiendan textos en pro de que se sea un lector critico, reflexivo…Por ende, el gusto lector con que vienen, quienes acuden a las actividades de promoción, queda sumido en un naufragio de preocupaciones y de falsos estigmas frente al bagaje y la sabiduría del promotor, ya que no puede “competir”, desde características de calidad y conocimiento, con éste último.

La práctica social de la lectura, como se ha venido enunciando,  varía de acuerdo a las condiciones socioculturales de lector. Pretender homogenizarla desde “absolutos” discursivos y desde recomendaciones valorativas, es llevarla hacia un pozo de legitimidad que lo único que genera son ahogamientos de los hábitos lectores por parte del “futuro buen lector”. Hacer selecciones de textos, autores y lecturas desde juicios de bueno o malo, es irrumpir en los derechos líneas arriba mencionados. No aceptar la práctica de “las malas lecturas”, “los malos autores y textos”, desde fueros éticos de aceptación por tales derechos, es intervenir en el capital gustativo, que bien sea, o por los mismos pasos de crecimiento que se den en la propia historia, o por la orientación y encuentro democrático con otros textos y autores, conllevarían al aumento del capital lector. Legitimar la lectura y al lector, como lo plantea Bourdieu, desde la premisa interrogativa de ¿qué de lo que leo vale la pena ser declarado? Es decir, ¿qué de lo que leo es realmente lectura legítima?, es coartar el libre pensar. Es estratificar el gusto lector para que sea aceptado dentro de los cánones que determinados grupos de “buenos lectores”, establecen como fuente de deliberación e interacción con los otros.  

La lectura como práctica social necesita ser promovida por seres sociales que se confabulen en un espacio social, para realizar una práctica que posibilita las reconfiguraciones socioculturales, y por ende la reconfiguración del capital cultural.






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 - Bourdieu, Pierre. Los Tres Estados del Capital Cultural, en: Sociológica, UAM- Azcapotzalco, México, núm 5, p. 11-17.

- Freire, Paulo. La importancia de leer y el proceso de liberación. México, D. F.: Siglo XXI Editores. 1991.

 - Pennac, Daniel. Como una novela. Bogotá. Ed. Norma. 2006

Aug 12, 2011

La oralidad en la construcción de identidad: que se puede hacer desde la promoción de lectura

Por toto

“La identidad narrativa permite al agente  aprehender la totalidad de sus acciones como suyas (y no como una diversidad incoherente), en la singularidad de una unidad temporal única y propia, pero que no es la identidad estable e inmutable de la sustancia aristotélica.

El concepto de identidad narrativa permite incluir el cambio en la cohesión de una vida. El agente actúa en el mundo y en el seno de un contexto dado, pero al mismo tiempo, el sentido de su acción sólo le es accesible a través de la lectura (o narración digo yo) de su historia. Es posible ver aquí el aspecto circular, a la vez pasivo y activo, de esta comprensión: en el mismo acto que me comprendo a mí mismo a través de la narración, me construyo”.
Paul Ricoeur
 

                  Entender la oralidad en una perspectiva de configuraciones identitarias puede sonar un poco abstracto, en tanto no haya un marco práctico que lo referencie. Sin embargo, se parte del hecho de que nuestro contexto latinoamericano está fundado sobre unas raíces indígenas y afrodescendientes donde el mito, la leyenda, la narración, el canto y la danza forman parte de la construcción cultural, es decir, en tanto dichas raíces no emergieron desde un carácter de cultura escrita, sino como una experiencia fundante más vital, que ocurre en la oralidad, como un ethos[1]. 

            El antropólogo Jêrman Argueta reconoce a la oralidad como un hecho comunicacional que refleja la conciencia e identidad cultural de los pueblos. Afirma que la palabra en la oralidad tiene lo mejor del ser humano porque permite la cohesión de los grupos sociales y comunitarios […][2], es decir, puesto que es un aspecto que permite la comprensión desde el tiempo vivido, el tiempo presente y el tiempo por vivir.

                Desde esta óptica, se podría afirmar que la oralidad transversaliza todo el proceso de identidad cultural, en tanto es el elemento sustancial de la comunicación, el reconocimiento y la interacción con el medio en que se habita. La oralidad, y en su defecto la narración oral “da rienda suelta a ese pasado que está llamando continuamente a su presente, recordándole que no está muerto”[3].           


         Comprender esta lógica de la oralidad es comprendernos. Es tener presente el pasado. Es acercar la historia, nuestra historia, a través de una dinámica donde el recuerdo es perpetuo porque se acude a él a través del mito, del canto, de la danza, del encuentro con la narración de personajes y hechos que han marcado el trasegar de una comunidad. Y es en la narración, donde entra a jugar de manera significativa el encuentro con el libro, puesto que, como bien lo planteó Borges el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. En esta medida, la relación oralidad – libro van casi de la mano en la lucha por el reconocimiento a las raíces ancestrales indígenas y afrodescendientes, que han sido el soporte de nuestra cultura pluriétnica, y que han quedadosubsumidas y asimiladas dentro del dominio de la cultura letrada[4] a partir de los procesos de colonización. De ahí que el planteamiento de Paul Ricoeur cuando dice que “en el mismo acto que me comprendo a mí mismo a través de la narración, me construyo”[5], se traduce en un llamado a la reflexión para que esas lógicas de irrupción que han conllevado a la pérdida de muchas de las prácticas identitarias de comunidades indígenas y afros, específicamente las que tienen que ver con prácticas narrativas, se retomen dentro de unas dinámicas proyectivas y concretas por parte de quienes creen en esa lucha por el rescate de las tradiciones ancestrales. 


Oralidad y promoción de lectura 

                El libro es el soporte del conocimiento, la imaginación y del encuentro con el otro, con lo otro. Es la extensión de la memoria, y en esta medida se traduce en un elemento de gran contribución a la recuperación de aquellos rasgos y características propias de la configuración de identidad. De ahí que su relación con la oralidad es de absoluta pertinencia, en especial porque en el mundo actual con su propensión a masificar, donde se han visto  comprometidas las estructuras políticoeconómicas, sociales y culturales, y que ha conllevado a cuestionar la escritura como símbolo de poder y vehículo principal de transmisión del saber, el libro propende por la participación activa del individuo en pro de la colectividad. Libro y oralidad entonces en un compromiso que busca contrarrestar los procesos globalizantes y de transculturización, para posibilitar el conocimiento y el reconocimiento de nuestra historia.
      
Es en esta dirección en la cual se concibe el presente planteamiento en el que la relación libro – oralidad, se sume al trabajo que instituciones, gremios y personas realizan en pro la recuperación de los rasgos culturales de una determinada comunidad. Para ello es necesario establecer  un marco metodológico  que vincule al lector con sus raíces, su historia y su ser, y que a través de la adopción de estrategias posibiliten estimular hacia la comprensión de las dinámicas políticas, económicas, sociales y culturales en que se mueve la configuración de la identidad. Pero, de igual manera se considera necesario tener conocimiento de alguna política estatal que dé horizonte a las acciones que se pretendan ejecutar, y que permita la articulación de las concepciones macro respecto a determinada cultura, con las prácticas micro que surjan a partir de la vinculación del libro.  

             Por lo tanto, y partiendo de que las propuestas de acercamiento al libro tienen como referente estratégico la promoción de la lectura, la cual se concibe como una práctica de intervención sociocultural dirigida a la construcción individual, comunitaria y social, es importante que ésta rescate la oralidad dentro de sus estrategias y la direccione hacia un reencuentro con la cultura.

             Pero es importante que para realizar un trabajo de esta índole, se requiere dejar de lado esa consideración de promoción de lectura desde la funcionalidad institucional, en tanto, luego de casi quince (15) años en que esta práctica ha asumido un rol protagónico en el entorno bibliotecario especialmente, es evidente su inclinación hacia un cumplimiento meramente estadístico. De ahí que las actividades que se ejecutan no responden realmente a unos objetivos y un plan de trabajo sociocultural claro.

           En este contexto, y con el ánimo de brindar un apoyo hacia la construcción de un proyecto de promoción de lectura que contribuya, desde la oralidad, con la recuperación de las costumbres, mitos y leyendas ancestrales, se resalta el hecho de que en Colombia se haya creado la Ley 1381 a partir de la cual se dictan las normas enfocadas al reconocimiento, fomento, protección, uso, preservación y fortalecimiento de las lenguas de los grupos étnicos, puesto que se convierte en un impulso para la restitución histórica y cultural con las comunidades indígenas del país, ya que en el sentido más amplio, la lengua es el puente entre la visión cosmogónica y la transmisión de saberes y creencias donde la oralidad es la pieza clave para su asimilación. Y no se trata de que se esté planteando una propuesta donde se requiere la experticia lingüística, o que haya que asumir un trabajo de promoción de lectura en el que se tenga que hablar en una lengua indígena determinada, sino que esta Ley, por ejemplo, puede ser el marco estatal desde donde se establezcan las bases de un programa de lectura que asuma un marco temático transversalizado por los mitos, las leyendas, las historias de personajes y culturas ancestrales, y atravesado estratégicamente por la oralidad. En esta medida, la narración oral recupera un papel protagónico en los espacios donde se promueva el libro. Se convierte en una estrategia que puede conllevar a un lector a unir concepciones espaciotemporales, y a tener bases claras sobre el desarrollo histórico, político, económico, etc., de su contexto.     

             Visionar la promoción de lectura en esta dimensión, es facilitar las herramientas que posibilitarían un encuentro entre configuraciones interculturales distintas. Es favorecer espacios donde la narración se traduce en portadora de un lenguaje que describe un contexto determinado, una forma de pensamiento y unas problemáticas humanas y su manera de resolverlas. Es propiciar el acercamiento a las cosmogonías de nuestras comunidades ancestrales, a través de acciones que relatan y describen la naturaleza del mito y la leyenda, y su impacto en la construcción de identidad.

Es así como la oralidad y la promoción de lectura se convertiría en el puente de comunicación entre la historia pasada y presente de nuestra razón de ser como herederos de unas culturas originarias, y dónde el acercamiento al libro y a la lectura estaría permeado por la narración como un precepto que conllevaría a que la lectura del mundo preceda a la lectura de la palabra[6]* escrita.  

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 [1] VERGARA ESTEEVEZ, Jorge. Cultura y mestizaje en América Latina: una crítica a la tesis de la identidad cultural mestiza.                 Internet: (http://www.ensayistas.org/filosofos/argentina/roig/homenaje/vergara.htm) 

[2] ARGUETA, Jermán. Las pulsaciones de la oralidad. De cuenteros, escritores, encantamientos y otras variaciones. Colectivo Memoria y Vida Cotidiana. En: Expresión Literaria en Preescolar. Antología Básica. UPN. México, 1994. p. 6.

[3] CASAROTTI, Eduardo. Paul Ricoeur. La constitución narrativa de la identidad personal. Revista al tema del hombre, serie Filósofos de Hoy. Internet: (http://www.chasque.net/frontpage/relacion/9905/filosofos_de_hoy.htm )

[4] SZURMUK, Mónica; MCKEE IRWIN, Robert.Diccionario de estudios culturales latinoamericanos. México. Ed. Siglo XXI. 2009. P. 200.

[5] CASAROTTI, Eduardo. Paul Ricoeur. La constitución narrativa de la identidad personal.Revista al tema del hombre, serie Filósofos de Hoy. Internet: http://www.chasque.net/frontpage/relacion/9905/filosofos_de_hoy .htm

[6] * Planteamiento de Pablo Freire en el texto La importancia del acto de leer donde establece los postulados que considera importantes alrededor de la lectura.

Oct 7, 2010

Sobre las Ciencias de la Información: ese asunto de lo tecnológico y lo social

Por: toto

        Es una realidad actual que las Ciencias de la Información tienen un reconocimiento dentro de las áreas profesionales que, aunque no es del todo satisfactorio, si puede visionarse como un escalón que puede posibilitar notablemente su ascenso en la escala de reconocimiento académico de las profesiones. Encontrar hoy profesionales de estas áreas ejerciendo en ámbitos administrativos y archivísticos, o asesorando potenciales proyectos bibliotecarios y de lectura, y debatiendo en espacios interdisciplinarios es el presente panorama de este quehacer.

        Sin embargo, se plantea la siguiente reflexión centrada en el tema que tiene que ver con el enfoque que, se percibe, se le está dando a la profesión desde lo institucional y desde el propio ejercicio.

        En términos generales se podría decir que el ejercicio de esta área del conocimiento se mueve en cinco (5) ámbitos de trabajo: lo administrativo y archivístico, lo técnico y lo tecnológico y lo social; ámbitos cuyo quehacer debe dar respuesta a las exigencias de la sociedad de la información, a partir de la cual se rige el trasegar económico, político y sociocultural del mundo postmoderno, y cuya principal característica es la continua y veloz innovación de los procesos. Dice Augusto Augury “en el pasado, el volumen de información se duplicaba cada 200 años, ahora se duplica cada cinco años” [ 1], es decir, se podría aludir que esta desmesurada explosión de información favorece sustancialmente la labor de las Ciencias de la Información, en tanto, entre otros aspectos, se da respuesta a las demandas de tal sociedad.

        Ahora, el asunto complejo está en el hecho de que esa continua y veloz innovación, implica que en ocasiones determinadas labores o procesos no tengan el tiempo necesario para reflexionarse y replantearse. En el caso específico de las Ciencias de la Información, pareciera que ciertos perfiles de la profesión estuvieran enfocados a responder desde su ejercicio, a características de "tecnificación" donde los profesionales se "especializan" en tareas de memorización y repetición, sin generar un valor agregado que permita crear unos parámetros de distinción entre lo técnico y lo profesional, entre lo tecnológico y lo social, de ahí, que es común ver en el proceso de catalogación, por ejemplo, profesionales de Historia y hasta de Literatura realizando el mismo trabajo, lo que no se plantea como un desacuerdo en la medida que estas otras profesiones asuman el conocimiento de tal ejercicio, sino que esto resta profesionalización a nuestra área. Igualmente se evidencia en el ámbito administrativo, profesionales desaforadamente tensionados por cumplir con estadísticas, programaciones y eventos, sin hacer un freno para concebir las necesidades reales de los usuarios a quienes presta servicios la unidad de información. En esta medida, valdría la pena reflexionar alrededor de la pregunta: ¿será que los profesionales de la Ciencias de la Iformación hoy, estamos ejerciendo bajo el mismo ritmo acelerado de la sociedad de la información sin percatarnos que estamos dejando de lado el trabajo en pro de la comunidad usuaria?

          Es fundamental la actualización del conocimiento y del ejercicio profesional en la actualidad, pero a lo que no se puede llegar es a que la profesión que concibe, procesa y difunde la información se traduzca en un ejercicio de manejo “técnico” donde se responda solo a la premura inmediatista de la labor - Una cosa es la automatización de los quehaceres, pero otra cosa es la automatización del pensamiento -

          Son muchos los debates que han surgido alrededor de la propuesta de sociedad del mundo actual, en tanto es una propuesta enmarcada en el facilismo, la frivolización, la desechabilización y la deshumanización en la que, poco a poco hemos caído. Pero en la medida en que la sociedad, los ámbitos culturales y las instituciones repiensen su quehacer frente a tal propuesta, se puede generar una contrapropuesta a partir de la cual, por una parte se cumpla adecuadamente a las necesidades de la sociedad de la información, pero al mismo tiempo se tenga conciencia y crítica para asumir posiciones claras frente a la razón de  ser, de labor que se ejerce.

         De ahí entonces, se considera necesario el replanteamiento del enfoque que se le ha estado dando a los currículos de formación bibliotecaria. Las Ciencias de la Información deben también contemplar y enfatizar la formación, desde una estrecha relación entre el desarrollo tecnológico y la concepción sociológica de la realidad. Concientizar el pensamiento del profesional de la información con elementos que respondan, tanto al boom tecnológico, como a lo que implica, en términos de las relaciones con el otro y con lo  otro,  asumir este boom.

         La Concepción de ciencia o disciplina que se le pueda dar a la profesión requiere percibir con claridad su objeto de estudio para poder proyectarla a la sociedad en general, como una de las profesiones con un sustento teórico y metodológico que puede posibilitar un ejercicio enmarcado en un carácter de Ciencia Social y Humana. Pero también se necesita que el profesional se repiense, se exprese y se “haga” como tal. Que su discurso y su quehacer esté ejercido por una clara concepción y posición frente a las distintas problemáticas de la realidad, de la actual realidad informacionalista que ha permeado bruscamente el vivir en sociedad. La tecnocracia no puede ser la proyección de una profesión que implica también un directo trabajo con comunidades, y con comunidades cuyo único lazo de conexión con el conocimiento y con el mundo, por ejemplo, es la Biblioteca, y en específico con las personas que allí laboran.

         Temas como el libre acceso a la información y a la cultura, la construcción de sujetos críticos y reflexivos, la construcción de ciudadanía… deben debatirse constantemente en los espacios donde el profesional de las Ciencias de la Información ejerza, lo que implica pensarse más allá de las excusas misionales o visionales - en razón del caracter de la unidad de información donde se ejerce - para poder seguir construyendo una disciplina o una ciencia que está muy ligada a lo socialhumano, recordando además, que no se puede olvidar que todo este boom tecnológico es propiciado, procesado y manejado por lo humano.

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[1]. AUGURY, Augusto. “Los maestros deberían cobrar más y trabajar la mitad”. En: revista virtual Acción Educativahttp://accion-educativa.webnode.es/news/los-maestros-deberian-cobrar-dos-veces-y-trabajar-la-mitad/ - Consultada el 6 de septiembre de 2010 


Aug 31, 2010

De la promoción de libros a la promoción de textos

Por: toto

"El sujeto…, no se conoce a sí mismo directamente, sino sólo a través de los signos depositados en su memoria y su imaginario por las grandes culturas” – Paul Ricoeur



       Como ejercicio generador de placer y recreación de la imaginación. Como elemento de apoyo al área comunicativa de la educación, e igualmente como acto socializador, la lectura tiene hoy un reconocimiento que le ha permitido abrirse campo en espacios externos a los servicios bibliotecarios. Por tal razón, es de considerar que su promoción debe ir mirando nuevos rumbos que le permitan extender también las estrategias utilizadas para el acercamiento entre un texto, un autor y el lector.

       Es importante, para efectos de este escrito, considerar el término texto como todo dato tangible e intangible que permite dimensionar ideas de la historia, la ciencia, la política, la cultura, etc., a partir del cual se configuran los imaginarios en el pensamiento, esto es, toda información que, escrita o no, nos permite crearnos unos elementos de conocimiento frente al medio que nos rodea. En esta medida, el texto pasa a ser todo aquello que rodea a un sujeto y que le brinda información para la toma de posición respecto a su rol en el medio y frente a sí mismo. Por lo tanto, la historia, las teorías, las imágenes, los edificios, las calles, los jardines, el viento, el mar, las personas, lo otro… son textos que deben ser promovidos como ejercicios de lectura, es decir, y partiendo de la relación información – texto, se podría afirmar que, si la información es todo aquello que nos ofrece percepciones a los sentidos, y si el texto, tal como aquí se visiona, nos provee información, entonces todo aquello que percibimos es un texto para ser leído.

       Desde esta óptica, y en relación a la promoción de la lectura vale la pena preguntarse: ¿por qué se promueve solo el texto escrito? ¿Por qué se promueve solo la literatura, y en especial la narrativa o la prosa? ¿Qué pasa con los textos informativos y especializados (enciclopedias, diccionarios, de experimentos…) que no son promovidos en los espacios de acercamiento al lector?, y por último, ¿qué pasa que el medio histórico, social, político, cultural, científico, considerado texto, no es promovido y debatido dentro de los espacios de promoción de la lectura? Al respecto, se podría traer a colación a Pablo Freire cuando dice que «la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra […]», y prosigue enunciando que «la comprensión del texto […] implica la percepción de relaciones entre el texto y el contexto» [Freire: 1997. Pág. 94], es decir, y en relación a las estrategias de promoción de la lectura que hoy se presentan, valdría la pena reflexionar sobre, si el ejercicio de promotor de lectura se ha estancado o especializado, uno, en la promoción del texto escrito, y dos, en la promoción de novelas, cuentos, poesías… a tal punto que recrear la imaginación literaria se contrapone a la recreación de la imaginación frente a la realidad. En este punto se entiende por qué el trabajo institucional y personal se centra en la lectura por y para el placer, lo cual se considera contradictorio, cuando el discurso, casi estandarizado, plantea la formación de lectores críticos, analíticos, autónomos, etc., pero, bajo tal centramiento de la promoción, se podría decir que se forman lectores conocedores de autores y novelas, cuentos, etc., esto es, lectores conocedores de literatura narrativa o prosa, pero que se obvia la formación de lectores del contexto, de su contexto.

       Esta dimensión de la lectura por placer se percibe «coja» respecto al lector, en tanto, desde la percepción de Silvia Castrillón la lectura se dimensiona como «un proceso [s] continuo [s] de construcción de sentido, de apropiación y proyección del conocimiento y de toma de conciencia sobre el ser humano y su situación en el mundo». (Castrillón, 2007. Pág. 2). Por eso, se hace necesario replantear las estrategias de acercamiento a los textos escritos, por una parte considerando que el contexto global político, económico … es también un texto para acercar al lector hacia su realidad, y por otra parte para que el promotor de lectura no se especialice en autores y textos de novelas, poesías, etc.

       La lectura y su promoción debe ser concebida como un ejercicio de comprensión e interpretación de textos, y estos últimos concebidos como la información que perciben los sentidos a través de la palabra escrita o el devenir de la sociedad, esto contribuiría sustancialmente con la configuración de los sentidos e imaginarios que los sujetos tengan de la realidad, de su realidad. Sujetos que sean permeados por una cultura de lectura de textos que los lleven al conocimiento de sí mismos, a partir de las improntas que éstos dejen en su pensamiento.

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• CASTRILLÓN, Silvia. Alfabetización, ciudadanía y toma de conciencia. En: leyendo vale: lectura, educación y ciudad. Fundalectura. 2007

• FREIRE, Pablo. La importancia de leer y el proceso de liberación. Siglo XXi editores. México. 1997.

• Ricoeur, Paul. Autobiografia Intelectual. Ediciones Nueva Visión. Bs. As. Argentina. 1997.

Jul 16, 2010

La desescolarización de la biblioteca pública: un asunto para reflexionar

Por: toto

             Con la fortuna de haber podido estar en algunas regiones colombianas como Putumayo, Tumaco, Arauquita e Ibagué, realizando un trabajo de campo con la Universidad Nacional, se pudo conocer algunas particularidades políticas, económicas, socioculturales y geográficas, que conllevaron a plantear la presente reflexión cuya pretensión es centrar un debate en relación al tema de la desescolarización de la biblioteca pública.

Son varios los municipios de estas regiones, y podría decir del ámbito nacional colombiano, donde no existen espacios de recreación, de encuentro con lo otro y con los otros.
Desde la poca voluntad de gobernantes, pasando por los bajos recursos económicos con que cuentan los municipios, hasta la lejanía en que se encuentran veredas del parque o plaza del pueblo, son algunos de los aspectos influyentes para que la escuela estreche los lazos de formación con la biblioteca pública, municipal o veredal. A ello cabe sumarle que, por variedad climática se encuentra municipios como por ejemplo Puerto Caicedo – Putumayo, en los que las altas temperaturas (39° C) se conjugan con una cantidad de 40 alumnos por aula de clase, lo que hace casi imposible hablar de calidad educativa.

              Bajo estos antecedentes se encontró como el espacio bibliotecario se caracteriza por unas prácticas específicas de los escolares y la comunidad, que están más allá del simple hecho de cumplir con labores académicas. Espacios afortunadamente amplios, con buena ventilación y ubicados en los parques de los municipios. Mínimas condiciones de infraestructura, es decir, escases de estanterías y colección. Libros que datan de cuatro, cinco y hasta más décadas de publicación que son el insumo básico para el trabajo de consulta, y una persona doliente que así no cuente con los conocimientos bibliotecarios, tiene toda la disposición para, al menos atender y ayudar con la consulta.

        En medio de este panorama real de esos espacios bibliotecarios suceden hechos como: ver niños corriendo alrededor de las mesas o escondiéndose por los escasos estantes. Padres de familia compartiendo las ultimas noticias del pueblo y hablando del trabajo de la tierra, y el infaltable líder de la vereda que aprovecha la biblioteca, como por ejemplo en Valle de San Juan – Tolima, para anexar adeptos a su aspiración política. Es decir, y a pesar que bien se podría afirmar que la función de la biblioteca no es precisamente eso, lo que se trae en consideración es el hecho que la biblioteca se convierte en el espacio que se aprovecha para interactuar y compartir con el otro. Los niños, quienes en general viven en veredas muy apartadas los unos de los otros, aprovechan aquí para hablar del personaje tal de la t.v. o su equipo o jugador de fútbol preferido, o para simplemente jugar, a pesar de que el espacio no sea para ello. Los padres de familia aprovechan para intercambiar conocimientos en pro de mejorar las labores de la tierra, de agregarle esto o aquello al ingrediente para que el queso cuaje mejor, e igualmente se debate sobre las ideas políticas propuestas por este o aquel representante. Cabe hacer claridad que esto va a la par con el objetivo principal de consulta con el que acuden a la biblioteca.

En Arauquita – Arauca, sucede que a pesar de ser una región petrolera, una gran mayoría de alumnos están totalmente seguros en realizar estudios superiores que les permita trabajar con mejores técnicas la tierra. El lugar de encuentro de niños, jóvenes y líderes es la biblioteca que afortunadamente ha sido apoyada por el Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas. Se ve como la consulta se aprovechaba para entrar en acuerdos con los líderes para plantear las mejoras correspondientes al Plan Decenal de Educación de la Región. Los jóvenes expresan sus deseos curriculares al tiempo que acuerdan lugares de encuentro para dar un paseo. Los padres de familia expresan sus inconformidades en cuanto al estigma de la región en el ámbito nacional, y los líderes son el puente entre las autoridades gubernamentales y las veredales.

              Ahora, no es que se esté planteando una reflexión cuadrada, aunque sí muy superficial, pero, teniendo en cuenta lo que demora en ejecutarse una posible voluntad política en regiones de éstas características en cuanto a la consideración de espacios recreativos o socioculturales, es importante pensar esta leve reflexión porque las realidades descritas se sustentan en opiniones y críticas de la comunidad cuya premisa es la de plantear el paso de los años sin que pase nada al respecto desde la esfera polìtica. 

          En conclusión lo que se quiere enmarcar a partir de las anteriores descripciones, y teniendo en cuenta que puede ser solo unas palabras románticas, de una romántica realidad, está el hecho que en regiones como éstas, desarticular el espacio bibliotecario de la escuela es desarticular todo un engranaje de construcción social y ciudadanía, fundamental para el desarrollo político, económico y educativo de los municipios. Bien se podría enunciar que una cosa no tiene nada que ver con la otra, es decir, que no es que la consulta lleve a lo otro, pero se aclara que es la evidencia de lo que se percibió cuando se veía como llegaban los niños, jóvenes y adultos a la biblioteca con la “prioridad” de realizar consultas, y que luego se traducía en interacciones socioculturales, de intercambio de conocimientos y políticos por parte de la comunidad. La consulta como “excusa” para el ejercicio social y ciudadano.

Apr 28, 2009

La desotredad del Usuario: un elemento sustancial ha considerarse en el trabajo actual de la biblioteca pública

Por: toto

               Entendiendo para este escrito la palabra desotredad como el acto en que el sujeto se entrega a lo otro (aparatejos tecnológicos) y se olvida de sí, se desotra de sí mismo, siendo este el ejercicio consciente que se debería considerar desde la biblioteca pública, es decir, el ejercicio a través del cual el Usuario no se vea como un sujeto para informacionalizar y tecnologizar, sino para concebir desde su Ser.

            La biblioteca pública, en cuanto a su relación con el Usuario se centra en cumplir con la función de permitir el acceso a la información y facilitar herramientas para dicho acceso. Los servicios y programas responden a políticas internacionales e institucionales con las cuales se valida tal función. Sin embargo, y sin el ánimo de plantear posiciones absolutas, ni de acrecentar la responsabilidad de la b.p., valdría la pena preguntarse ¿Qué pasa con ese ser padre, madre, hijo / hija, amigo, estudiante, trabajador…que llega a una biblioteca pública?

           
No se trata tampoco de transformar la biblioteca pública en un centro de terapia ni mucho menos de autosuperación, empero, por su recorrido histórico, su función y las “complicidades” entre sujetos que allí se generan, ¿por qué no pensar en unos servicios, y especialmente programas, como espacios de discusión y reflexión del individuo?, esto es, espacios no diseñados bajo la función internacionalizada ni institucionalizada, sino donde confluya las charlas sobre la cotidianidad para conocer al Usuario, ¿Por qué no pensarse un estudio del Ser del Usuario?

El boom tecnológico y la gran explosión de información actual han generado un desarrollo desbordante en ámbitos científicos y empresariales especialmente, pero han trastocado de tal forma al Ser y las relaciones entre sujetos, que bien podría decirse que ésta, también es la era en que el sujeto deja de Ser para estar o aparentar, y a esto cabe agregarle el aspecto capitalista y consumista que a partir de los medios de comunicación conllevan a estereotipar comportamientos, es decir, ya el sujeto no Es, simplemente está, y en ese afán de contribuir con ese simplemente estar del sujeto, la biblioteca pública ha enfocado sus labores.

            Desde la óptica crítica hacia tal boom y explosión se podría discernir sobre algunos aspectos negativos que trajeron consigo: El distanciamiento y estancamiento de sociedades menos desarrolladas, el aumento de poder de sociedades imperantes, el analfabetismo básico y tecnológico, entre otros muchos hacen de ese cuento de la globalización y la aceleración tecnológica solo un sofisma distractor en lo concerniente a lo equitativo. Pero, y para el caso de este escrito, lo que se denota como un ítem fundamental en la crítica, es el relacionado con la desotredad que sufre el sujeto al momento de concurrir al encuentro con la tecnología ya que el chat, el iPOD, los audífonos y la televisión han contaminado la concentración del sujeto y su relación con el medio. Esto es, el sujeto que se entrega a los elementos tecnológicos y hace de estos un estilo de vida, bien se podría determinar como un sujeto desotrado, se sale de sí para estar con lo otro, con el audífono, con el computador, con el celular – con lo otro - ¿dónde se encuentra él?

              Cada civilización ha sufrido sus respectivas crisis. Crisis representadas en diferentes aspectos. En el caso de la sociedad actual lo referente a la crisis económica como un aspecto de importancia, en tanto es la base de la consolidación del imperio capitalista. Pero es de considerarse también ese aislamiento propiciado por el encuentro con la tecnología, lo cual genera una total desolación de individuos en torno a su Ser.

             En su función de cumplir con el acceso y de facilitar herramientas, la biblioteca pública enmarca su gran labor con la sociedad. Sin embargo, en ocasiones pareciese que su trabajo fuese solo por cumplir, es decir, el trabajo es “orientar” para la búsqueda y recrear con programación, sin hacer un alto para, al menos observar al Usuario.

          El ofrecimiento de servicios y programas que bien son el centro funcional de la biblioteca, deberían asumir una posición frente a esta desotredad del Usuario. Ofrecer, sea desde un servicio o un programa un espacio a través del cual se le permita hablar sobre sus expectativas de vida, su historia, su espacio y relación en y con la familia, su relación con el medio, sus miedos y sus retos, su relación con los otros, sus opiniones en torno a temas políticos, sociales, etc., podría dilucidar un elemento importante de encuentro consigo mismo. Propiciar charlas que no estén dentro de un programa, sino que sean el programa respecto temas de concepción individual y colectiva. Hablar de la familia. De las perspectivas y proyectos de vida. De la convivencia. De los gustos, hábitos, entre muchos otros temas, vivificarían un fundamental elemento del trabajo de la biblioteca pública frente a su interacción con el usuario.

       En la medida en que se piense más en la formación de Usuarios con relación a la información y lo informacional y tecnológico, algo que realmente NO se cumple a cabalidad, y se desvirtúe el tener en cuenta al Usuario en sí mismo, es también contribuir sustancialmente con esa desotredad del sujeto.

         La biblioteca pública debería considerar de nuevo el estudio de Usuarios desde ópticas de relaciones entre Usuarios – sociedad – Usuarios. En tanto, es de tener presente que los Usuarios, ante todo, son seres que viven sintiendo y sienten viviendo su relación consigo mismos y con el medio natural y social.

La promoción de lectura desde el usuario de la información

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