Mar 29, 2018

La pausa en la lectura en relación a la acelerada propuesta de la contemporaneidad


“La cultura científica es muy ventajosa como modelo de racionalidad por que […] ese hábito inveterado de la velocidad, chapucería y negligencia publicitada en los fenómenos de la vida  contemporánea, […] nos conduce inevitablemente a accidentes y errores por otro lado previsibles”.
El hombre emergente / Santiago Pascual 



Por: toto


Otrora, no se hubiera pensado que los aparatos fueran a regir, de tal manera, no solo las dinámicas económicas, políticas, educativas y culturales de la sociedad, sino, también, el modo de pensar, de sentir y de comportarse de sus miembros.

Al respecto, Pepe Mujica (expresidente de Uruguay) plantea que "el mundo de hoy nos tiene pensando como vivimos, cuando deberíamos estar viviendo como pensamos. Es decir, hoy, más que nunca, somos una pieza dentro del engranaje del sistema de la competencia, y por tanto, desencajarse de éste implica asumir los "rezagos" sociales, políticos y económicos a los que, supuestamente, quedaríamos propensos en caso de no ser parte de la globalidad; como si la tradición y el desarrollo local fueran un plato de sobras cuyos colores, sabores y vitaminas culturales, debieran desvirtuarse ante la palidezca cena de la competitividad y el agresivo mercado de la indolencia.     

¡Pero, en este sistema estamos!, y por más que lo desafiemos con posiciones y decisiones contrarias, en ocasiones, románticas, le respondemos, conscientes o no, para poder sobrevivirlo. La contemporaneidad ha supeditado nuestra relación con el otro al tiempo y el espacio. Por una parte, puesto que al tener que responder a jornadas laborales de hasta 12 horas, la familia solo cuenta con algunas escasas horas, por cierto empapadas de cansancio y estrés, en las que la charla con los hijos, hermanos y padres se va, también, en dialogar alrededor de lo hecho en el día, es decir, lo laboral. 

Por otra parte, resultado de lo anterior, la mayoría del tiempo de nuestro día a día la pasamos en el lugar donde laboramos, lo que se traduce en que es casi nuestro espacio de hábitat. A esto también han sucumbido los amigos y, hasta… ¡la mía vita!, dirían los italianos.     

En torno a este panorama Virilio (2006) plantea el concepto de dromología (cuya etimología alude a los griegos con la voz drómos: pista de carrera), que hace alusión a que todo va cada vez más veloz. Arlandiz (2011) asume este planteamiento como “la secuencia que comprendía tres elementos, partida, viaje y arribo, ha ido perdiendo su elemento intermedio, reducido en muchos casos a lo instantáneo, simultáneo y virtual” (p. 82). 

Asimismo, Virilio ((citado por Bastidas, 2015considera que esa vertiginosa o centuria velocidad absoluta de transformación del mundo, ha llevado a la configuración de unas dinámicas sociales caracterizadas por “la instantaneidad, la ubicuidad y la inmediatez” (p. 36), en las que, al parecer, los sujetos solo se dedican a actuar conforme lo proponen el desarrollo y los aparatos, los cuales, de acuerdo a su nivel de innovación, les van estableciendo el ritmo en que se deben mover en sociedad, en razón de entrar a hacer parte de la neovida.

Así las cosas, no es difícil comprender la razón de ser de las aceleradas decisiones de los gobernantes, en las que prima el bienestar del mercado sobre la calidad de la vida humana. Para,  luego,  jactarse, por ejemplo, mostrando programas de gobierno para la nutrición y la vivienda, aun, cuando se sabe que estos son un derecho.

A la educación se le ha metido en esta “olla” del desenfrenado mundo de la competitividad, y por tanto, la formación debe responder a estándares tecnicistas a partir de los cuales se enseña para el hacer y no para pensar ese hacer en pro del bienestar humano.

A esto se suma el hecho de la transculturización de los comportamientos, en tanto se debe estar a la moda de lo que genera el mundo del desarrollo. Una caricatura de ello es que, en nuestro contexto y tiempo, por ejemplo, montábamos en patineta con los amigos, hoy, se practica el skateboard. Antes, nos hacíamos autorretratos, producto de la sensibilidad, hoy, se toman selfies, producto de los estereotipos. Es decir, la afanada ansia por estar en vez de ser, ha trastocado el arte de vivir en sociedad y generado expresiones donde la esencia es víctima de bullying cultural, social, etc., por estar por fuera de la farandulesca vida contemporánea.  

De ahí entonces, que las prácticas sociales han cambiado. En el ámbito familiar las relaciones e intercambios están mediados por la nueva “nana” en que se han convertido los aparatos, derivados de ese desarrollo. En consecuencia, algunas tradiciones que bien podrían defenderse, se han visto supeditadas a la aceleración. La oralidad, como elemento de transmisión, se puso audífonos. El abrazo materno o paterno dio paso al in o al out, éste último, como una viva muestra de estar promoviendo “el oso”.

En al ámbito escolar, igualmente, el proceso enseñanza – aprendizaje debe responder a la inmediatez. Los aparatos, aunque una herramienta de apoyo pedagógico, también han mediado la relación humana estudiante – maestro. En ocasiones, hasta el diálogo que se pueda generar en el aula alrededor de un tema, debe esperar por la respuesta al mensaje del celular. Mientras, el maestro debe poner a competir su enseñanza con lo instantáneo de las imágenes, la música, los textos, etc., del aparato; los estudiantes ponen su disposición para el aprendizaje en la pantalla de su distracción. ¡Esta es la ventaja de la nueva “nana”! ¡Se puede ir con ella a todas partes!

Se aclara que no es que se esté en oposición al desarrollo tecnológico, sino, que se hace una crítica respecto al cómo la hemos asumido los humanos. La tecnología es una herramienta para la vida, no para volver la vida una herramienta. Bién lo diría Charles Chapiln (1940): No sois máquinas, ¡hombres es lo que sois!



Y a todas estas… ¿qué hay de la práctica de la lectura en la contemporaneidad?

Los nuevos modos de leer son una realidad. El soporte físico del libro, su adquisición y acceso ha entrado a compartir con lo digital y lo virtual. La “vieja guardia” correlaciona su accionar con las dinámicas de la nueva generación, a pesar de debates entre lo romántico y lo práctico; pues, lo que es claro es que no se puede pelear con lo que nos posibilita la agilización de procesos.

En este sentido, la pregunta acerca de ¿cómo se lee hoy? conlleva a la presente reflexión, más, gira, también, a su alrededor, y de nuevo, la pregunta de ¿qué es leer hoy?

Frente a esto, es necesario tener en cuenta el contexto dromológico planteado por Virilio (2006). La centuria de la velocidad absoluta presume que la práctica de la lectura hoy se caracterice por lo mediato y lo preciso; esto es, pareciera como si el detalle de la fórmula, del drama y de la obra tuviesen que sucumbir ante el aclamado y paranoico tema del momento. El tiempo y el espacio para la asimilación y el asombro deben responder al instante, de lo contrario, danzan en lo "aburrido".

Esta dromología actual generó que los sujetos asumieran comportamientos que deben responder a las exigencias económico/políticas y sociales para poder estar en este mundo congraciándose de infinidad de productos que llevan al “bienestar”. En este sentido, la cultura y la recreación dependen de cuan productivo soy, es decir, el cine, el teatro, la música, la pintura, la lectura, entre otros, quedan supeditados a ¿qué tanto dinero y disposición tengo? En primer lugar, puesto que el acceso a la oferta cultural implica contar con la suficiencia económica para asistir a obras o muestras de arte que nos lleven a estados de satisfacción. Pero, en segundo lugar, es necesario tener la disposición para disfrutar de éstas, y ello requiere desligarse de asimilaciones y comportamientos acelerados que, por seguro, llevarán a altos grados de insatisfacción.

En este segundo aspecto, la práctica de la lectura, bien sea por necesidad o por gusto, requiere de una consciente disposición desde donde se pueda intercambiar, con profundidad, con autores y textos. Es difícil practicar la lectura cuando, al placer y al análisis, le anteponemos la inmediatez y la velocidad. Cuando supeditamos la comprensión del método y el diálogo con el drama a la síntesis práctica del tecnicismo.


La pausa en la práctica de la lectura

Es en este escenario en el que la pausa toma importancia como estímulo para la disposición. Vista, desde la Psicología del desarrollo, y en torno al acto mamario del bebé, por ejemplo, Perinat & Lalueza (2007) plantean que la pausa que éste hace tiene la función de permitir la intervención de la madre para el reaprendizaje.

La Psicología educativa dice que la pausa es producto del “cambio de turnos” conductuales desde donde se tejen relaciones diádicas que conllevan a un dar y recibir. Por su parte, la Psicología social alude que la pausa sobrelleva una mayor compostura para la meditación, y por consiguiente, se aleja de presiones que interrumpen la comunicación.

En este orden de ideas, bien como acto de reaprendizaje, de relaciones diádicas o para el intercambio, la pausa es un aspecto sustancial en la relación autor – lector. Por lo tanto, prescindir de ella en la práctica de la lectura, posiblemente, puede influir en la transmisión de la cultura y el saber y en la manera en que nos comunicamos con los diferentes ámbitos del medio social.


De ahí que en el ámbito familiar, como escenario cultural donde se genera la costumbre, la pausa se convierte en un eslabón fundamental para proveer, de acuerdo con Bourdieu (2008), los mecanismos de disposiciones duraderas como base del hábito de la lectura. Es decir, en este ámbito se pueden dar una serie de simbologías y acciones que inciden en la transmisión.

Esto es, el hecho de que en los hogares exista una biblioteca; que se cuelgue cuadros de pintura, de grandes personajes de la historia; que los hijos vean a sus padres leyendo y dialogando en torno a un tema, entre otras, se traduce en la simbología para que el hábito se transmita entre miembros adultos y jóvenes.

Asimismo, en tanto se asuman espacios de lectura en voz alta; que se dialogue alrededor de temas económicos, educativos, de farándula, de comida; que se recurra a galerías, cine, teatro, conciertos, ferias del libro, etc., el ámbito familiar está sembrando las futuras pausas para la práctica de la lectura como hábito, desde el cual, en ocasiones, se puede contraponer a la acelerada oferta del mercado.

Por consiguiente, la pausa en la familia, posibilita un ritmo de vida en el que los jóvenes intuyan la manera de correlación con los adultos, no desde la óptica del utilitarismo, sino, más bien, desde la captación del ejemplo, la admiración y el reconocimiento. A su vez, los adultos establecen los marcos diferenciales de las nuevas generaciones, sin dar paso al juicio por la tradición.

Pausa y hábito lector en la familia como cadena para establecer, con claridad, los momentos en que se responde a los requerimientos del veloz mundo contemporáneo. De ahí que padres e hijos necesitan advertir que las apetencias económicas y de las nuevas “nanas” tecnológicas, pueden tener un tiempo y un espacio, siempre y cuando, sea en el segundo o tercer momento, cuando sus miembros acudan a sus íntimos espacios y tiempos.

En cuanto al ámbito escolar, la lectura como práctica para la comprensión y la interpretación, necesita de la pausa para poder entablar los diálogos de asimilación de los temas; pero, al tiempo, para estrechar el lazo entre la escuela y la familia.

En el proceso de enseñanza – aprendizaje la pausa se traduce en un silencio para la captación y el reforzamiento. Para considerar que en su relación con la lectura posibilita llegar al qué, al por qué, al cómo y al para qué del saber y de las artes. Se convierte en una oportunidad para correlacionarse con el mundo de la ciencia, de la imaginación, la creatividad y la ficción desde donde se pueden considerar los momentos para pensar y actuar en torno a la competitividad y la complacencia.

Puesto que la enseñanza – aprendizaje es un proceso, es obvio que, también, en este ámbito, la pausa implica tener en cuenta simbologías y acciones alrededor de la lectura. Si los estudiantes ven leer al maestro en su sala, en la biblioteca, en el lugar de descanso, en la cafetería, etc. Si la institución considera un plan institucional/transversal de lectura, se estará brindando los espacios y tiempos simbólicos desde los que se estimulará en la visión del estudiante la práctica de la lectura.   

De igual manera, si producto del plan de lectura se realizan actividades institucionales donde se promueva la representación artística/cultural, la lectura y la recreación; y desde el cual cada asignatura, área o núcleo inicien sus temáticas con pausas que comprendan lectura en voz alta, la narración oral, entre muchas otras, se estarían ejecutando acciones que invitan al estudiante a asumirlas, replicarlas y discutirlas en relación a las ejecutadas en su familia.

Así entonces, familia y escuela como espacios donde la pausa posibilita la consolidación del hábito y la comprensión de la lectura a los futuros sujetos sociales, quienes cuentan con las bases de transmisión y formación propias para enfrentar, de manera tranquila y desacelerada, las dinámicas del desarrollo. Es decir, donde el mensaje se escucha y analiza; el escrito se lee y se refuta y la interacción se sustenta en espacios y tiempos que sobrepasan la vertiginosa carrera por responder con el producto y la farándula. 

Pausa, familia y escuela como espacios en los que el sujeto retoma lo social humano desde los momentos que se necesitan para relacionarse con el otro.     


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Fuentes bibliográficas



-       Arlandis López, Sergio; ‎ García García, Miguel Ángel. (2011). Olvidar es morir: Nuevos encuentros con Vicente Aleixandre. España: Universitat de Valéncia.

-       Bourdieu, Pierre. (2007). El sentido práctico. España: Siglo XXI Editores.

-   Bastidas Urresty, Édgar. (2016). El nuevo milenio y las tecnologías. Bogotá: El Tiempo - (versión virtual). Disponible en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16649879

-    Canclini, Nestor García. (2015). Hacia una antropología de los lectores. México: Ediciones Culturales Paidós, S.A., de C.V.

-    Kimble, Charles; Pecina Hernández, José Carmen. (2002). Psicología social de las Américas. México: Pearsons Editores

-   Padilla Sierra, Gloria; Ramos Tejeda, Magdalena. (2002). Psicología del aprendizaje. México: Editorial El Manuel Moderno

-    Perinat, Adolfo; Lalueza, J.L. (2007). Psicología del desarrollo: un enfoque sistémico. Barcelona: Editorial OUC.

-    Virilio, Paul. (2006). Velocidad y política. Buenos Aires: Editorial La Marca.

  
     Fuentes imágenes
    
   
    
 http://disonancias-zapata.blogspot.com.co/2016/08/paul-virilio-el-cibermundo-la-politica.html

http://www.curiosity.media/el-discurso-de-chaplin-a-favor-de-la-democracia-y-contra-la-avaricia-el-odio-e-intolerancia-cumple-75-anos/

https://cafecomsociologia.com/pierre-bourdieu-la-logica-de-los-campos-habitus-y-capital/



Feb 8, 2017

La institucionalización de la lectura: ¿y dónde ha quedado la lírica?


Por
toto

Es común escuchar que algo es lírico porque alude o se mueve en medio de manifestaciones que giran en torno al buen recuerdo, a la nostalgia, a la bohemia, al gusto… a las letras. Aquello que está muy cercano a las fibras humanas de lo emocional, y por tanto, está ligado al sentir.

Hegel, por ejemplo, relaciona la lírica con el mundo interno del individuo donde éste encuentra “las pasiones de su propio corazón y espíritu” (Estética VIII, La poesía, 1832). De ahí, que se podría decir que la lírica es una expresión enmarcada en el sentimiento y la esperanza. 

Por ello, y desde un plano general, cuando un determinado comportamiento o práctica está proyectado desde lo lírico, puede conllevar, guste o no, a una pausa para pensarse a sí mismo, en el entorno y el contexto en que se habita.

Lo lírico, por ende, tiene la esencia de la identidad, la aceptación y el disfrute. Y es por esta razón de lo esencial, que cuando no hay lírica los resultados del sentir, del pensar y del hacer, solo reflejan acciones grises y rígidas donde el quehacer está por encima del ser expresus. 

[…] Dimensionar la lectura como una práctica que acude a la lírica […] como un marco desde donde se puede comprender también, como lo expondría Didier Álvarez, las necesidades del alma de sujetos y comunidades.

En este sentido, dimensionar la lectura como una práctica que acude a la lírica, entendiendo, específicamente, que no se habla de ésta última como género literario, sino, como un marco desde donde se puede comprender también, como lo expondría Didier Álvarez, las necesidades del alma de sujetos y comunidades, es posibilitarla como una oportunidad recíproca en la que quien la promueve, igualmente, está siendo lector y promotor de su auditorio y, en consecuencia, la práctica de la lectura puede llevar a que se realice desde matices de pertinencia y gusto.
 
Lamentablemente, el mundo contemporáneo ha traído consigo una serie de dinámicas cuya intencionalidad, pareciera, es la de esquematizar al ser a través de políticas y normalizaciones de competitividad y sostenibilidad, que han hecho de lo lírico solo un enunciado. Y en esto han debido entrar los estados, las entidades y las instituciones, pues, de lo contrario, su existencia en el contexto y en el entorno, estará relegada o desaparecida, en tanto no se cumple con las exigencias de un mercado.   

De ahí que la lectura, a pesar de que se sustenta desde políticas estatales y desde reclamos institucionales para que se practique, al tiempo, no se proyecta como una práctica necesaria para que se enriquezca el capital cultural de un país, siendo éste, la base fundamental de la proyección personal, profesional y social de los sujetos que lo conforman.  

El mercado ha hecho de la lectura un párrafo más de los discursos de las campañas electorales. Una cifra estadística de los entes estatales y una acción operativa de los planes institucionales que la han llevado a que se convierta, en ocasiones, en un simple argumento presentado en congresos, en discusiones académicas o reuniones sociales al compás de un vino o un café. ¡Es allí donde se acude a la lírica!  

¿Qué pasará entonces con la lectura por gusto? ¿Se estará proyectando desde los estándares de calidad? ¿Dónde quedan los sujetos a quienes se les promueve la lectura? 

Una cosa es dar cumplimiento a las exigencias formales, pero, otra muy distinta, es querer encostalar a la lectura y los lectores dentro de un cuadro porcentual. 

La lectura, de acuerdo con Freire (1984), es un acto de liberación que le permite al sujeto hacer las catarsis emocionales, creativas e intelectuales de su propia existencia. Es la posibilidad para que el sujeto establezca los acuerdos con la sociedad y pueda afrontar las angustias a las que ésta lo lleva. Por ello, no puede dimensionarse dentro de una escala numérica que requiere aumentarse. 

La lírica de la lectura, aludiendo a Barthes (citado por Metcalfe, 2015, p. [65]), “es hacer trabajar a nuestro cuerpo (…) a partir de la invitación de los signos del texto”. Pero, tal y como se está proyectando hoy ese trabajar el cuerpo desde la lectura,  podría llevar a fisionomías lectoras estáticas que solo posarían para la fotografía de sustentación institucional. 

El cuerpo es vida, movimiento y decisión en el mundo, por lo tanto, querer enmarcarlo bajo premisas de mejoramiento de la calidad, es pretender estandarizar las manifestaciones culturales en las que éste sustenta su configuración.

La lectura como un cuerpo, producto de tales manifestaciones, requiere, por ende, practicarse sin ataduras formales, en tanto es también el cúmulo de las riquezas que el sujeto configura para relacionarse con sus pares humanos y sociales.

La lectura, de acuerdo con Freire (1984), es un acto de liberación que le permite al sujeto hacer las catarsis emocionales, creativas e intelectuales de su propia existencia.
Como una práctica cultural, la lectura debe permitir la lucha por la libertad. Debe ser un espejo no empañado por postulados discursivos que ganan el aplauso de un elector, de un jefe o un grupo sui géneris cuyas acciones propenden por el “bienestar” de una comunidad. Así  que no debe bañarse en el “regocijo” de ese “bienestar”, puesto que su lírica sucumbiría ante la normalización. 

¿Será entonces, por ello, que existe esa distancia entre los planes estatales e institucionales de lectura con las necesidades lectoras de las comunidades? ¿A qué se estará dando prioridad hoy cuando se promueve la lectura? ¿La promoción de la lectura estará respondiendo, más, a exigencias del corte institucional que a las expectativas lectoras de los sujetos?     

No se trata de romantizar la práctica de la lectura, sino, de plantear una reflexión para que se evalúe lo que se está haciendo hoy en relación a su promoción. 

La lectura es también un acto íntimo de los sujetos que requieren de ella como un sillón de psicoanálisis donde se posan para expresar las incertidumbres de su ser, ¡y esto... no tiene ninguna escala de medida!    


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Fuentes bibliográficas

- Álvarez Zapata, Didier; Giraldo Giraldo, Yicel Nayrobis; Rodríguez Santamaría, Gloria María; Gómez Vargas, Maricela. Acercamiento al estado actual de la promoción de la lectura en la biblioteca pública en Colombia. En: Revista Interamericana de Bibliotecología, vol. 31, núm. 2, julio-diciembre, 2008, pp. 13-43 Universidad de Antioquia Medellín, Colombia.

- Andrew Metcalfe, Ann Game. (2015). Sociología apasionada. Barcelona: Editorial UOC.

- Chartier, Roger. (2009). El libro y sus poderes. Siglos XV – XVIII. Medellín: Universidad de Antioquia.

-------------------- (1994). Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna. Madrid: Alianza Editorial.

- Freire, Paulo. (2004). la importancia del acto de leer y el proceso de liberación. México: Siglo XXI Editores.

-  Ramírez Leyva, Elsa M. [Comp.]. (2006). Las prácticas sociales de lectura. En: Segundo Seminario Lectura: pasado, presente y futuro. México: Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas. UNAM.

- Uribe Tirado, Alejandro; Alvarez Zapata, Didier; jaramilloa Cadavid, José Roberto. De leer, serie radial sobre la promoción de la lectura. En: Revista Interamericana de Bibliotecología, vol. 31, núm. 1, enero-junio, 2008, pp. 67-83. Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia.

-          La estética de        Hegel. Disponible     en:  http://www.raco.cat/index.php/convivium/article/viewFile/76231/99005







Apr 18, 2016

La lectura como práctica...

Por
toto

 ... Antes sería interesante preguntarse ¿qué es una práctica?, y aún mejor, ¿cómo se configura una práctica?  Ahora, es posible que alguien pregunte ¿una práctica de qué...?, lo que permitiría brindar una respuesta que la relaciona con los ámbitos culturales, sociales, educativos, políticos, etc. Pero, se considera que el desarrollo de la presente reflexión pueda ofrecer, no una, sino varias respuestas.

Desde una apreciación muy básica la "práctica" se enmarca dentro de un continuo quehacer, a veces rutinario, que conlleva a que un sujeto la introyecte, incorpore en la dimensión bourdiana, de manera consciente o inconsciente y que refleja a través de su conducta. Es decir, es un acto ligado al gusto, pero también a la respuesta de una demanda social, económica, laboral, entre otras, que, en ocasiones, puede tener matices de obligatoriedad, así se esté en disgusto o en desacuerdo con ella. En este sentido, una práctica puede conllevar a que el sujeto la realice en la perspectiva de responder a una demanda de convivencia o de compromiso que solo se limitaría al cumplimiento, al consumo, al deber…, más, no como un eslabón para adquirir un habitus enfocado hacia su proyección del ser y del hacer.

Por lo tanto, reflexionar sobre la lectura como práctica en un contexto determinado, es analizarla desde las dinámicas que se tejen dentro del ámbito familiar, escolar, social y estatal, que son desde donde, se supone, se proveen los mecanismos de disposición[1] que involucrarán al sujeto en las dinámicas sociales.

Así entonces, en el ámbito familiar la práctica pende, por una parte, del capital cultural[2] que tengan los padres, entendido éste como la herencia, la educación, el cimiento desde donde establecen la interacción social, la concepción del mundo y su proyección; y por otra parte, de las nuevas dinámicas que la evolución del mundo les imponga para proceder frente a los hijos, frente al otro. Cabe considerar aquí también, la disposición que tengan los hijos, en tanto nueva generación, con otras maneras de comprender y concebir, que los lleva a asumir una práctica tal dentro de sus cotidianidades.

De ahí que comprender la lectura en este ámbito, como una práctica que reside en lo cultural y social, requiere de unos mecanismos de disposición amparados en la simbología, la imagen, el arte, la manera en que se interacciona con la radio, el televisor, la internet, el celular, etc., los cuales incidan en la incorporación de la misma, dentro de las prácticas familiares, educativas y sociales de sus miembros, en pro de que se construya una cosmovisión bajo un carácter que involucre el gusto, la crítica y la autorreflexión, como aspectos de la evolución del ser y del hacer.

En el ámbito escolar asumir la lectura como práctica involucraría al estudiante, al maestro, a la institución y a los padres de familia, puesto que son quienes conforman la comunidad educativa que propende por configurar las acciones que llevarían a un buen fin el que dicha práctica sea incorporada en el estudiante. Al respecto cabe tenerse en cuenta que es fundamental lo que se haga en el ámbito familiar en torno a ella. 

Y es aquí, en la escuela, donde también toma importancia el ejemplo. Esto es, desde el marco institucional trabajar alrededor de un proyecto de lectura transversal al currículo. Utilizar la simbología, las artes y los hechos históricos como estrategia de ambientación de las aulas. Que los maestros utilicen algunos tiempos para leer en la biblioteca, en el aula, en el patio... Que su pedagogía contemple el interrogante, la pregunta abierta, la ambientación del aula con retratos, imágenes respecto al tema, música, biografías, etc., con el objeto de ampliar las posibilidades de comprensión de los temas; pero, al tiempo, para tratar de incentivar el acercamiento a los autores y textos.  Esto podría contribuir no solo con la lectura de contenidos, sino también de los contextos.

Todo lo anterior, sin embargo, debe estar respaldado por una política estatal de lectura a través de la cual se posibiliten lineamientos que conlleven a un engranaje de los diferentes ámbitos. Pero esto requeriría una mirada más sistémica del contexto, es decir, el todo y sus partes, y sus partes hacia el todo. Esto quiere decir, por ejemplo, que una política de lectura para una sociedad parte de la lectura que se haga de ella; esto es, comprender las particularidades culturales y sociales que se tienen en pequeñas, medianas y grandes comunidades, pues, son ellas las llamadas a generar mecanismos de disposición que llevarían, posteriormente, a que los sujetos reflejen un comportamiento determinado en los diferentes ámbitos y a establecer un horizonte de proyección en el ser y en el hacer.      

Así entonces, se podría considerar que la lectura contaría con un escenario que le posibilitaría traducirse en una práctica cultural cimentada en unas raíces sembradas en el ámbito familiar y escolar, y que cuenta con los medios para consolidarse en un quehacer consciente de cotidianidad del sujeto; es decir, entendida no como un asunto de mecanización, sino, como una práctica que, bien sea por gusto, por necesidad, por cumplimiento, etc., el sujeto acude a ella desde un marco de naturalidad porque es parte de sus decisiones. 






[1]. Entendidos desde Bourdieu (1998) como aquellas acciones que hacen que un "algo" sea realizado o asimilado por el sujeto para asumir los compromisos o para su proyección. 

[2]. Bourdieu, Pierre. (1998). La distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Madrid: Ed.Taurus.

--------------------------- (1993). La lectura una práctica cultural: Debate entre Pierre Bourdieu y Roger Chartier. En: Prácticas de la lectura / Roger Chartier. Bolivia: Plural editores.

3. García Canclini, Nestor. Et. al. (20015). Hacia una antropología de los lectores. México: Ediciones culturales Paidós S.A.

4. Ramírez Leyva, Elsa M. [Comp.]. (2006). Las prácticas sociales de la lectura: memoria del segundo seminario lectura: pasado, presente y futuro. 22 - 24 de noviembre de 2005. México. Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas. UNAM. 

Fuentes de imágenes:

-http://es.slideshare.net/nadyamarisha/el-aprendizaje-de-la-lectura-y-escritura-7853500

- https://mariamulatalectora.org/


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La pausa en la lectura en relación a la acelerada propuesta de la contemporaneidad

“La cultura científica es muy ventajosa como modelo de racionalidad por que […] ese hábito inveterado de la velocidad, chapucería y neglig...