Jul 1, 2019

El poslector: una reflexión en el contexto de la posverdad



Por
toto

                                                                 
“Hablar de guerra entre lo visual y lo escrito me parece
 totalmente superado. Lo que necesitamos analizar por el contrario es la sinergia entre los dos”.
Umberto Eco 


Se acude, simplemente, al sentido común, para poner sobre la mesa la discusión acerca de la práctica de la lectura en la actualidad. Es una reflexión, quizás tradicionalista y romántica, acerca de cómo hoy, a partir de la "excusa" de las nuevas tecnologías, la lectura se defiende como una práctica que advierte nuevos modos de leer (Barbero, s.f.). De lo que se trata, si es posible, es de ubicar las razones que sustentan las nuevas prácticas de la lectura en relación a planteamientos que aluden al hábito, la comprensión y al pensamiento crítico y propositivo cuando se supone ser lector. 

Para ello, y a manera de una escueta metáfora, la reflexión se propone en el contexto de la posverdad como marco en el que están inmersos una serie de aspectos en los cuáles se podría apoyar la idea de que, para alguna gran parte de la sociedad, leer hoy es una apuesta por participar en el mundo del narcisismo digital y el funcionalismo lector, como la nueva lógica de una cadena social respecto a decisiones que suponen el desarrollo.

La emocionalidad como fuente de posrelatos: el espejo del narcisismo digital 

Antes que nada, se propone hacer un pequeño sondeo sobre el término actual de la posverdad. Fowks (2017) alude que éste

               [...] recoge el núcleo de la novedad: que la verdad no es falsificada o contestada, pero es
               de segunda importancia. Antes el propósito de las mentiras en la política era crear una falsa 
               visión del mundo. Las mentiras [de la política hoy] no buscan tal cosa. No
               pretenden convencer a las élites, en quien sus votantes ni confían ni gustan, sino reforzar 
               prejuicios (párr. 102).     
  
Esto ha conllevado a que, casi la sociedad en masa, se comporte desde emocionales expresiones sin respaldo; otra parte se exprese, aún desde lo emocional, con posiciones un poco más elaboradas; mientras, otra parte, se dedica a observar, analizar y refutar. Y, las tres partes convergen, por ejemplo, en procesos definitivos de elección. La posverdad entonces, es como una telaraña cuyas líneas y nodos se estructuran desde distintas fibras y colores, según el interés de quien la crea. 

En el texto La posverdad emocional de Conangla i Soler (2018), los autores exponen una idea sobre ¿Cómo se fabrica un relato?, y hacen alusión a que

                 primero se genera un relato, y luego, se intenta insertar en la realidad destacando las
              pistas que lo avalan y escondiendo las que lo evidencian como equivocado; buscando 
              testimonios que lo apoyen y negando la participación pública a los disidentes, que 
              podrían generar dudas en los auditorios (párr. 8).  


Pareciera la descripción de una escena de Sherlock Holmes, aunque, en relación a la posverdad, la  inteligencia, habilidad, observación y el razonamiento deductivo que caracterizaban al protagonista de Conan Doyle, se ha transformado en personajes protagonistas caracterizados por la argucia, el estereotipo y la constante duda. Dos escenarios de ficción, uno, resultado de la capacidad literaria que entrama pistas para el gusto lector; el otro, producto de maquinarias interesadas que traman tretas para la consecución de la fama y el poder. Sin embargo, a pesar de lo ficticio, el literario es mejor porque es sensato.

Así las cosas, y como eje central de los comportamientos actuales, las redes sociales han propuesto unas, sui generis,  maneras de vivir, respaldadas en retóricos discursos sin fondo y prácticas de interacción cuya fuerza se basa en pasionales posiciones. De ahí que el Otro se ha convertido en el enemigo político, el bizarro y hacedor de un bulling social, donde sus mentiras son mis verdades, y viceversa, lo que ha llevado a la configuración de una sociedad que cree lo que no es y no cree lo que es. Una dinámica en que los seres humanos son eslabones de la desarticulada cadena propuesta por el poder y el estereotipo, pues, de lo contrario, se está por fuera de las adendas y los "me gusta" a los que se ha reducido hoy el hábitat y la convivencia con el medio.

Aquel hermoso verso de En vida hermano, en vida, si quieres ser feliz, a alguien que quieras mucho... díselo hoy, se muy bueno, se ha reducido a un figurín de pantalla en forma de sol y con gafas, pues, frente al ser amado, ya no se tiene la sensible valentía de decirle te amo, mirándolo a los ojos, debido a que se es tachado de cursi y de retro. Se vive más de un álter ego photoshopiado que omite la originalidad, por la ambición de pertenecer a un determinado grupo que ha hecho de la cotidianidad un whatsappista showbinismo virtual.

El asunto es que cuando cae la noche y se puede entrar en diálogo consigo mismo, es posible que la realidad se nos acueste a un costado, y nos muestre las escenas de esa pantomima en que estuvimos durante el día. Una enmascarada realidad de conversas sin sentido; fotografías con poses y gestos de lo que no somos y "amigos" a quienes, posiblemente, no conoceremos. Una abstracta verdad rodeada por rostros que no son y palabras que no se tienen, pero, que aceptamos porque, ¿o si no?, se es un retrógrado de ideas chuecas y antepasadas. Lo curioso es que, a pesar de que sabemos que aquello que está al otro lado no soy yo y no es quien dice ser, lo aceptamos debido a que, en ese otro mundo, se puede dar rienda suelta al deseo, a la "personalidad" y al ser imaginado. Es, por tanto, vivir en un artificial mundo paralelo que aceptamos solo porque él nos acepta, así sea desde su propia mentira.

Si la comunicación humana fue una necesidad para sobrevivir y compartir; hoy, paradójicamente, el desarrollo de las telecomunicaciones han viabilizado la incomunicación, pues, a pesar de que se está conectado todo el tiempo, también, todo el tiempo, se está aislado del otro bajo la excusa de que se tiene en pantalla... ¿Y los gestos? ¿Y las miradas? ¿Y los olores? ¿Y los suspiros...? ¿Dónde está la mística por sentir al otro? 

A la par, y más allá de discusiones gramaticales o de lenguaje, remitirse a los demás no exige una escritura que recurra al verso. La preocupación por un mensaje sencillo, pero, bien escrito, ha pasado a ser solo del ejercicio literario y científico. Si el mensaje puede tener algo del sentir y de la forma de ser, ahora es un sofisma del encantamiento virtual, puesto que no importa lo que se exprese, ni cómo se exprese, en tanto la vertiginosa aceleración no tiene tiempo para "cursilerías escriturales", solo para la nanoseducción. 

Y, en cuanto al lector del mensaje, pareciera que su conformidad está ligada al confort de saber que alguien "lo piensa", y hasta "lo quiere", porque lo sigue y cliquea que "le gusta". Así que no se preocupa por comprender el fondo de lo que le escriben, debido a que su alucinación digital no le permite dialogar con algo de razón para darse cuenta que al otro lado, lo más probable, quien está es su propia pareja que, por sus desplantes y frialdad, está buscando un ser más sensible. Aquel que, a través del, sí mismo virtual, le responde que es detallista, amoroso, caballero y bla, bla, bla... 

Se podría decir que las próximas generaciones recibirán de nosotros los inicios de la nanosociedad o nanovida. Se les dirá que hubo un tiempo, muy pasado, en el que se tenía pánico a la viralización de una fiebre, pero, que luego, llegó un neomundo en el que un requisito social era ser parte de la fiebre de lo viral. También se les tendrá que explicar por qué "el superficialismo, el ridiculismo y el showbinismo", son las "teorías" que fundamentan la "youtuberología, profesión" surgida con las prácticas del neomundo.

¿Y qué tiene que ver esto con la práctica de la lectura?

Por tanto, desde la óptica de los posrelatos, se plantea la pregunta acerca de la práctica de la lectura hoy, teniendo, muy en cuenta a Barbero (s.f.) cuando, desde lo que se podría decir un contraste al panorama anterior, invita a aprender a leer en tiempos audiovisuales..., considerando que "[...] los medios audiovisuales constituyen hoy un nuevo y poderoso ámbito de socialización, esto es, de elaboración y transmisión de valores y pautas de comportamiento, de patrones de gusto y de estilos de vida (p. 4). 

Y, es en específico, frente a las [...] pautas de comportamiento, de patrones de gusto [...] donde se instala la discusión respecto a la práctica de la lectura en el presente. Aceptando el hecho de que la gran mayoría de la población está conectada, bien a la red o a su móvil, se podría deducir que se lee y se escribe con continuidad. Ahora, y de pronto acudiendo al canon, ronda la pregunta sobre, ¿qué y cómo se lee hoy? Y, si la lectura implica y conlleva a un comportamiento, ¿cuál es el comportamiento lector en el contexto de lo digital y lo virtual?

Se entiende el comportamiento lector como la voluntad, sea por necesidad o por gusto, que conlleva a unas prácticas relacionadas con el hábito y la participación en apuestas por la lectura, la escritura, el arte y la formación. Es decir, una práctica que puede "ser parte" de la personalidad y la manera como se interactúa con los otros y con el medio, y que se expresa en un deseo continuo del lector que lo lleva a asumir una actitud y a ejecutar unas acciones alrededor de su encuentro con autores y textos. Esto se caracteriza por una disposición, una pausa para que tal encuentro se dé en términos de diálogo, interacción y reflexión desde donde se viabilicen, también, replanteamientos y posiciones del lector frente a lo que lee. En síntesis, se podría decir que el comportamiento lector se relaciona con un acto consciente del lector para decidir lo que lee, cómo lo lee y para qué lo lee.

En este orden de ideas, y en el contexto de la posverdad, enmarcado por un funcionalismo social en pro de lo que dice, más, no de lo que sustenta el poderoso, el famoso, el virtual "amigo fraterno" o el conocido, la práctica de lectura ha tomado otro ribete. La pausada interacción con autores y textos se ha transformado en una simple y rápida ojeada a resúmenes y someros análisis. Esto es, el wikipedismo prevalece sobre la reflexión y la proposición como lector, así lo que se lea allí no tenga la fiabilidad, pues, importa más cumplir (funcionalismo), que replantear desde criterios de análisis y de gusto.     

Según el Diario virtual español El Ibérico*, en un informe presentado por el novelista británico Howard Jacobson, ganador de uno de los premios literarios de mayor prestigio como es "Booker", se considera que "las nuevas tecnologías y las redes sociales crearán una nueva generación de jóvenes con poco aprecio a la lectura". De igual manera, el Diario virtual británico Independent, expone que, según este autor, "los niños serán analfabetos dentro de una generación debido al predominio de Twitter y otras plataformas sociales**.”Ya no puedo concentrarme ni leer tanto como lo hacía antes y uno de los problemas ha sido el uso de pantallas”***, alude el autor, quien, desde la óptica del deseo, ligado al comportamiento lector, considera que, precisamente, es el deseo el que está siendo impactado, negativamente, para que se favorezca la práctica de la lectura mediante matices de pausa y concentración, pues, las pantallas habían sido un "disparo" para que esto no suceda. 

Las redes sociales y los poslectores: ¿una nueva práctica de la lectura?

Observado desde la Teoría de la comunicación humana de Watzlawick (citado por Acosta, 2019, parr.16), “toda conducta y no sólo el habla, es comunicación y toda comunicación, incluso los indicios comunicacionales de contextos impersonales, afectan la conducta”. Así que, siendo las redes sociales, y los posrelatos que en ellas se dan, el núcleo de la comunicación contemporánea, dicha afectación ha transformado el comportamiento lector, de tal forma, que la práctica de la lectura cuenta hoy con un sinnúmero de defensas que, desde el sentido común, no son más que la excusa en que se amparan quienes "no les gusta leer"; y esto, en relación a la escritura, ha recalado, por ejemplo, en una práctica en la que el irrespeto por los derechos de autor, pareciera, enmarcar una "nueva subcultura social por el plagio".

Es claro el hecho de que la neosociedad acude, continuamente, a leer sus pantallas. Gran parte del tiempo estudiantil, laboral y social está determinado a mirar y leer los móviles y los computadores, lo que es de entenderse como una transición de las prácticas, exigida por las nuevas generaciones. Por lo tanto, y de acuerdo con Canclini (2015), "y si los comportamientos lectores se diversifican, cada vez más, la pregunta que nos dará más conocimiento no será cuánto sino cómo se lee" (p. 32). En este sentido, ese cómo en el que se enmarca el comportamiento lector en la actualidad, lleva a un interesante análisis respecto a la disposición y el modo en que los neolectores asumen y asimilan la práctica de la lectura.

En el ámbito educativo, por ejemplo, tal práctica está rodeada por una serie de problemas relacionados con la comprensión, la interpretación y la proposición textual. Al respecto, Solé (citada por García. Et. Al., 2017, p. 158) afirma que

              el proceso de lectura debe asegurar la comprensión a través de la puesta en marcha de 
              diferentes acciones que permitan a quien lee activar sus conocimientos previos para
              construir ideas sobre el contenido, organizar la información relevante, detenerse cuando lo 
              requiera e incluso regresar y reflexionar; lo que implica espacios para desarrollar una lectura 
              individual sin eliminar la posibilidad de concurrencias de diálogo y discusión.

Y, a pesar del trabajo de algunas instituciones educativas, la comprensión de lectura, en general, está sujeta a la voluntad, al deseo y disposición del educando. Pero, ¿cómo incidir con la lectura en estos aspectos, cuando éste último, desde su condición de ciudadano digital, no desprende su voluntad de la pantalla? Desde el sentido común, es posible que sea ésta la razón por la cual, la realidad de la lectura en los entornos educativos, esté cobijada por incipientes y funcionales niveles por parte de los educandos. Y, es posible, también, que éste sea el resultado de aquellos docentes que, aludiendo dejos tradicionalistas en sus pedagogías, promueven y exigen la lectura sin ellos practicarla. A la par de que, de igual manera, gran parte de su tiempo está sometido por la pantalla. Es decir, el comportamiento lector en las instituciones educativas moviéndose, solo, en medio de la diferencia de innovación entre una pantalla y otra.

De manera preocupante, entonces, es comprensible por qué la presentación de trabajos escritos en este ámbito, se ha venido sustentando en el plagio. Según el estudio El plagio y su relación con los procesos de escritura académica de la Universidad Nacional (2014), esto es producto de un hábito [lector] no infundado en Colombia. "[...] Los problemas de los estudiantes también pueden verse reflejados en lecturas superficiales y poco críticas, y en textos incoherentes y faltos de argumentación". Y prosigue afirmando que "los problemas de lectura y escritura de los estudiantes favorecen el plagio en cuanto que estas actividades están asociadas con procesos de pensamiento: si tú no escribes bien, no piensas bien" (p. 100). Es decir, el hecho de que, por una parte, el hábito de la lectura no sea infundado; y, por otra parte, la neovida infunda, desde el poder de la comunicación y el consumo, el acceso a los medios, recursos y fuentes tecnológicas, es una "gran receta" para desnutrir el pensamiento de las nuevas generaciones de educandos.   

En el ámbito social, y para observar el comportamiento lector, se considera necesario establecer la relación de sinonimia entre mirar y leer, puesto que si lo de modo de leer hoy, se relaciona con un paneo ocular de imágenes, emoticones y sintéticos mensajes rodeados por burlas y señalamientos. O, por virales hechos que no proveen información sustentable, pero, que generan una interacción con el otro, así sea pasional, acerca de personajes y políticos enmascarados por estereotipos y mentiras verdaderas o verdades mentirosas, estamos frente a un lector que actúa desde lo que cree su emoción; que acciona y reacciona con base en lo que le propone ese deslumbrante mundo de lo virtual, que movido de manera astuta, nos ha llevado, no, a la consolidación de una Red, sino, al tejido de las cuerdas que nos dicen que, movernos en la obra, es un asunto de reconocimiento. 

Lo curioso del caso es que en las redes cada quien depende de cada quien. Es decir, mi reconocimiento y los me gusta, dependen del que está al otro lado; y, por ende, el reconocimiento y los me gusta del otro, dependen de mí. Así que la lectura de lo que compartimos, en alusión a Celia Cruz, gira en torno a Songo le dio a Borondongo. Borondongo le dio a Bernabé. Es una rueda inconclusa en la que yo, como virtualector, me monto y entrego mi confianza a quien está al otro lado.

Así mismo, si se trata de ser lector de propuestas musicales cuyas letras ovacionan la falta de lectura y de metáfora, y donde la acústica ha sido cambiada por lo electrónico, somos partícipes de la configuración de un gusto lector que no acude al pensamiento y la sensibilidad, sino, a la corporización de la inspiración. Lo de sociedad en transición, lamentablemente, ha llevado a que no se perciban quiénes podrían ser emulo de los José José, Gustavo Cerati, Ismael Rivera, Silvio Rodríguez, Agustín Lara o la Sonora Matancera, entre muchos otros grandes, en tanto la aceleración no congenia con la sensibilidad, así que no queda otra que escuchar el repetido traqueteo de lo insonoro.

Así que todo este panorama anterior, podría enmarcarse dentro la consideración de los poslectores. Aquellos, quienes sustentan la práctica de la lectura en lo mediático e irreflexivo. Que acuden al oportunismo sintético para asumirse lectores comprensivos. Hacen crítica a la lectura sin leer. Su pensamiento se argumenta en las repetidas y sesgadas pautas noticiosas, lo que lo lleva a accionar de acuerdo a la noticia del momento. La poslectura y los poslectores en una sinergia de ambigüedades que establecen un comportamiento lector configurado por lo "no me importa", pues, el farandulismo, es más importante que la pausa, la interacción y la proposición, para asumir la proyección de la vida.   

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Fuentes bibliográficas y de consulta

- Acosta Vera, José María. (2019). Cómo afrontar con éxito una entrevista. Madrid: ESIC Editorial.
- Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe. (1994). Mito o realidad del libro. Bogotá: CERLALC.

- - Barbero, Jesús Martín. (2005). Los modos de leer. Bogotá: Centro de Competencia en Comunicación para América Latina.

- Cerrillo Torremocha, Pedro C.; Yubero Jiménez, Santiago; Martínez Soria, Carlos; Albentosa Hernández, José Ignacio. [Coord.]. (2007). La formación de mediadores para la promoción de la lectura. Cuenca: Fundación S.M.

- Cerrillo Torremocha, Pedro C.; García Padrino, Jaime. (1996). Hábitos lectores y animación a la lectura. España: Universidad de Castilla La Mancha.

- Conangla i Marín,  Maria Mercè;  Soler i Lleonart, Jaume. (2006). Posverdades emocionales. Madrid: Kálamo Editorial.

- Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (2017). Encuesta Nacional de Lectura (ENLEC). Bogotá: DANE. Disponible en https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/enlec/bt-enlec-2017.pdf

- Espinosa Arango, Carolina. (1998). Lectura y escritura. Teorías y promoción. Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas.

- García Canclini, Néstor. (2015). Hacia una antropología de los lectores. México: Universidad Atónoma Metropolitana.

- García García, Miguel Angel; Arévalo Duarte, Mayra Alejandra; Hernández Suárez, Cesar Augusto. (2018). La comprensión lectora y el rendimiento escolar. Bucaramanga: Grupo de Investigación en Pedagogía y Prácticas Pedagógicas (GIPEPP). Universidad de Pamplona.

- Ocho S., Ligia; Cueva Lobelle, Alberto. (2014). El plagio y su relación con los procesos de escritura académica. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia.

- Zaid, Gabriel; Goldin, Daniel. (2006). Encuesta nacional de lectura: informes y evaluaciones. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
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*El Ibérico. Periódico español en reino unido. (2017). Un novelista británico alerta de los peligros de utilizar las redes sociales. Disponible en https://www.eliberico.com/un-novelista-britanico-alerta-de-los-peligros-de-utilizar-las-redes-sociales/

**Independent. (2017). Twitter hará que los niños sean analfabetos en 20 años, dice el novelista Howard Jacobson. Disponible en https://www.independent.co.uk/news/uk/home-news/twitter-children-illiterate-20-years-howard-jacobson-novelist-social-media-booker-prize-winner-a7904291.html

***Ibíd 1.

**** Arcadia. (2018). Tres expertos hablan sobre la Encuesta Nacional de Lectura. Disponible en https://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/expertos-hablan-de-la-encuesta-nacional-de-lectura-colombia/68814

Fuente imágenes: https://pixabay.com

Mar 29, 2018

La pausa en la lectura en relación a la acelerada propuesta de la contemporaneidad


“La cultura científica es muy ventajosa como modelo de racionalidad por que […] ese hábito inveterado de la velocidad, chapucería y negligencia publicitada en los fenómenos de la vida  contemporánea, […] nos conduce inevitablemente a accidentes y errores por otro lado previsibles”.
El hombre emergente / Santiago Pascual 



Por: toto


Otrora, no se hubiera pensado que los aparatos fueran a regir, de tal manera, no solo las dinámicas económicas, políticas, educativas y culturales de la sociedad, sino, también, el modo de pensar, de sentir y de comportarse de sus miembros.

Al respecto, Pepe Mujica (expresidente de Uruguay) plantea que "el mundo de hoy nos tiene pensando como vivimos, cuando deberíamos estar viviendo como pensamos. Es decir, hoy, más que nunca, somos una pieza dentro del engranaje del sistema de la competencia, y por tanto, desencajarse de éste implica asumir los "rezagos" sociales, políticos y económicos a los que, supuestamente, quedaríamos propensos en caso de no ser parte de la globalidad; como si la tradición y el desarrollo local fueran un plato de sobras cuyos colores, sabores y vitaminas culturales, debieran desvirtuarse ante la palidezca cena de la competitividad y el agresivo mercado de la indolencia.     

¡Pero, en este sistema estamos!, y por más que lo desafiemos con posiciones y decisiones contrarias, en ocasiones, románticas, le respondemos, conscientes o no, para poder sobrevivirlo. La contemporaneidad ha supeditado nuestra relación con el otro al tiempo y el espacio. Por una parte, puesto que al tener que responder a jornadas laborales de hasta 12 horas, la familia solo cuenta con algunas escasas horas, por cierto empapadas de cansancio y estrés, en las que la charla con los hijos, hermanos y padres se va, también, en dialogar alrededor de lo hecho en el día, es decir, lo laboral. 

Por otra parte, resultado de lo anterior, la mayoría del tiempo de nuestro día a día la pasamos en el lugar donde laboramos, lo que se traduce en que es casi nuestro espacio de hábitat. A esto también han sucumbido los amigos y, hasta… ¡la mía vita!, dirían los italianos.     

En torno a este panorama Virilio (2006) plantea el concepto de dromología (cuya etimología alude a los griegos con la voz drómos: pista de carrera), que hace alusión a que todo va cada vez más veloz. Arlandiz (2011) asume este planteamiento como “la secuencia que comprendía tres elementos, partida, viaje y arribo, ha ido perdiendo su elemento intermedio, reducido en muchos casos a lo instantáneo, simultáneo y virtual” (p. 82). 

Asimismo, Virilio ((citado por Bastidas, 2015considera que esa vertiginosa o centuria velocidad absoluta de transformación del mundo, ha llevado a la configuración de unas dinámicas sociales caracterizadas por “la instantaneidad, la ubicuidad y la inmediatez” (p. 36), en las que, al parecer, los sujetos solo se dedican a actuar conforme lo proponen el desarrollo y los aparatos, los cuales, de acuerdo a su nivel de innovación, les van estableciendo el ritmo en que se deben mover en sociedad, en razón de entrar a hacer parte de la neovida.

Así las cosas, no es difícil comprender la razón de ser de las aceleradas decisiones de los gobernantes, en las que prima el bienestar del mercado sobre la calidad de la vida humana. Para,  luego,  jactarse, por ejemplo, mostrando programas de gobierno para la nutrición y la vivienda, aun, cuando se sabe que estos son un derecho.

A la educación se le ha metido en esta “olla” del desenfrenado mundo de la competitividad, y por tanto, la formación debe responder a estándares tecnicistas a partir de los cuales se enseña para el hacer y no para pensar ese hacer en pro del bienestar humano.

A esto se suma el hecho de la transculturización de los comportamientos, en tanto se debe estar a la moda de lo que genera el mundo del desarrollo. Una caricatura de ello es que, en nuestro contexto y tiempo, por ejemplo, montábamos en patineta con los amigos, hoy, se practica el skateboard. Antes, nos hacíamos autorretratos, producto de la sensibilidad, hoy, se toman selfies, producto de los estereotipos. Es decir, la afanada ansia por estar en vez de ser, ha trastocado el arte de vivir en sociedad y generado expresiones donde la esencia es víctima de bullying cultural, social, etc., por estar por fuera de la farandulesca vida contemporánea.  

De ahí entonces, que las prácticas sociales han cambiado. En el ámbito familiar las relaciones e intercambios están mediados por la nueva “nana” en que se han convertido los aparatos, derivados de ese desarrollo. En consecuencia, algunas tradiciones que bien podrían defenderse, se han visto supeditadas a la aceleración. La oralidad, como elemento de transmisión, se puso audífonos. El abrazo materno o paterno dio paso al in o al out, éste último, como una viva muestra de estar promoviendo “el oso”.

En al ámbito escolar, igualmente, el proceso enseñanza – aprendizaje debe responder a la inmediatez. Los aparatos, aunque una herramienta de apoyo pedagógico, también han mediado la relación humana estudiante – maestro. En ocasiones, hasta el diálogo que se pueda generar en el aula alrededor de un tema, debe esperar por la respuesta al mensaje del celular. Mientras, el maestro debe poner a competir su enseñanza con lo instantáneo de las imágenes, la música, los textos, etc., del aparato; los estudiantes ponen su disposición para el aprendizaje en la pantalla de su distracción. ¡Esta es la ventaja de la nueva “nana”! ¡Se puede ir con ella a todas partes!

Se aclara que no es que se esté en oposición al desarrollo tecnológico, sino, que se hace una crítica respecto al cómo la hemos asumido los humanos. La tecnología es una herramienta para la vida, no para volver la vida una herramienta. Bién lo diría Charles Chapiln (1940): No sois máquinas, ¡hombres es lo que sois!



Y a todas estas… ¿qué hay de la práctica de la lectura en la contemporaneidad?

Los nuevos modos de leer son una realidad. El soporte físico del libro, su adquisición y acceso ha entrado a compartir con lo digital y lo virtual. La “vieja guardia” correlaciona su accionar con las dinámicas de la nueva generación, a pesar de debates entre lo romántico y lo práctico; pues, lo que es claro es que no se puede pelear con lo que nos posibilita la agilización de procesos.

En este sentido, la pregunta acerca de ¿cómo se lee hoy? conlleva a la presente reflexión, más, gira, también, a su alrededor, y de nuevo, la pregunta de ¿qué es leer hoy?

Frente a esto, es necesario tener en cuenta el contexto dromológico planteado por Virilio (2006). La centuria de la velocidad absoluta presume que la práctica de la lectura hoy se caracterice por lo mediato y lo preciso; esto es, pareciera como si el detalle de la fórmula, del drama y de la obra tuviesen que sucumbir ante el aclamado y paranoico tema del momento. El tiempo y el espacio para la asimilación y el asombro deben responder al instante, de lo contrario, danzan en lo "aburrido".

Esta dromología actual generó que los sujetos asumieran comportamientos que deben responder a las exigencias económico/políticas y sociales para poder estar en este mundo congraciándose de infinidad de productos que llevan al “bienestar”. En este sentido, la cultura y la recreación dependen de cuan productivo soy, es decir, el cine, el teatro, la música, la pintura, la lectura, entre otros, quedan supeditados a ¿qué tanto dinero y disposición tengo? En primer lugar, puesto que el acceso a la oferta cultural implica contar con la suficiencia económica para asistir a obras o muestras de arte que nos lleven a estados de satisfacción. Pero, en segundo lugar, es necesario tener la disposición para disfrutar de éstas, y ello requiere desligarse de asimilaciones y comportamientos acelerados que, por seguro, llevarán a altos grados de insatisfacción.

En este segundo aspecto, la práctica de la lectura, bien sea por necesidad o por gusto, requiere de una consciente disposición desde donde se pueda intercambiar, con profundidad, con autores y textos. Es difícil practicar la lectura cuando, al placer y al análisis, le anteponemos la inmediatez y la velocidad. Cuando supeditamos la comprensión del método y el diálogo con el drama a la síntesis práctica del tecnicismo.


La pausa en la práctica de la lectura

Es en este escenario en el que la pausa toma importancia como estímulo para la disposición. Vista, desde la Psicología del desarrollo, y en torno al acto mamario del bebé, por ejemplo, Perinat & Lalueza (2007) plantean que la pausa que éste hace tiene la función de permitir la intervención de la madre para el reaprendizaje.

La Psicología educativa dice que la pausa es producto del “cambio de turnos” conductuales desde donde se tejen relaciones diádicas que conllevan a un dar y recibir. Por su parte, la Psicología social alude que la pausa sobrelleva una mayor compostura para la meditación, y por consiguiente, se aleja de presiones que interrumpen la comunicación.

En este orden de ideas, bien como acto de reaprendizaje, de relaciones diádicas o para el intercambio, la pausa es un aspecto sustancial en la relación autor – lector. Por lo tanto, prescindir de ella en la práctica de la lectura, posiblemente, puede influir en la transmisión de la cultura y el saber y en la manera en que nos comunicamos con los diferentes ámbitos del medio social.


De ahí que en el ámbito familiar, como escenario cultural donde se genera la costumbre, la pausa se convierte en un eslabón fundamental para proveer, de acuerdo con Bourdieu (2008), los mecanismos de disposiciones duraderas como base del hábito de la lectura. Es decir, en este ámbito se pueden dar una serie de simbologías y acciones que inciden en la transmisión.

Esto es, el hecho de que en los hogares exista una biblioteca; que se cuelgue cuadros de pintura, de grandes personajes de la historia; que los hijos vean a sus padres leyendo y dialogando en torno a un tema, entre otras, se traduce en la simbología para que el hábito se transmita entre miembros adultos y jóvenes.

Asimismo, en tanto se asuman espacios de lectura en voz alta; que se dialogue alrededor de temas económicos, educativos, de farándula, de comida; que se recurra a galerías, cine, teatro, conciertos, ferias del libro, etc., el ámbito familiar está sembrando las futuras pausas para la práctica de la lectura como hábito, desde el cual, en ocasiones, se puede contraponer a la acelerada oferta del mercado.

Por consiguiente, la pausa en la familia, posibilita un ritmo de vida en el que los jóvenes intuyan la manera de correlación con los adultos, no desde la óptica del utilitarismo, sino, más bien, desde la captación del ejemplo, la admiración y el reconocimiento. A su vez, los adultos establecen los marcos diferenciales de las nuevas generaciones, sin dar paso al juicio por la tradición.

Pausa y hábito lector en la familia como cadena para establecer, con claridad, los momentos en que se responde a los requerimientos del veloz mundo contemporáneo. De ahí que padres e hijos necesitan advertir que las apetencias económicas y de las nuevas “nanas” tecnológicas, pueden tener un tiempo y un espacio, siempre y cuando, sea en el segundo o tercer momento, cuando sus miembros acudan a sus íntimos espacios y tiempos.

En cuanto al ámbito escolar, la lectura como práctica para la comprensión y la interpretación, necesita de la pausa para poder entablar los diálogos de asimilación de los temas; pero, al tiempo, para estrechar el lazo entre la escuela y la familia.

En el proceso de enseñanza – aprendizaje la pausa se traduce en un silencio para la captación y el reforzamiento. Para considerar que en su relación con la lectura posibilita llegar al qué, al por qué, al cómo y al para qué del saber y de las artes. Se convierte en una oportunidad para correlacionarse con el mundo de la ciencia, de la imaginación, la creatividad y la ficción desde donde se pueden considerar los momentos para pensar y actuar en torno a la competitividad y la complacencia.

Puesto que la enseñanza – aprendizaje es un proceso, es obvio que, también, en este ámbito, la pausa implica tener en cuenta simbologías y acciones alrededor de la lectura. Si los estudiantes ven leer al maestro en su sala, en la biblioteca, en el lugar de descanso, en la cafetería, etc. Si la institución considera un plan institucional/transversal de lectura, se estará brindando los espacios y tiempos simbólicos desde los que se estimulará en la visión del estudiante la práctica de la lectura.   

De igual manera, si producto del plan de lectura se realizan actividades institucionales donde se promueva la representación artística/cultural, la lectura y la recreación; y desde el cual cada asignatura, área o núcleo inicien sus temáticas con pausas que comprendan lectura en voz alta, la narración oral, entre muchas otras, se estarían ejecutando acciones que invitan al estudiante a asumirlas, replicarlas y discutirlas en relación a las ejecutadas en su familia.

Así entonces, familia y escuela como espacios donde la pausa posibilita la consolidación del hábito y la comprensión de la lectura a los futuros sujetos sociales, quienes cuentan con las bases de transmisión y formación propias para enfrentar, de manera tranquila y desacelerada, las dinámicas del desarrollo. Es decir, donde el mensaje se escucha y analiza; el escrito se lee y se refuta y la interacción se sustenta en espacios y tiempos que sobrepasan la vertiginosa carrera por responder con el producto y la farándula. 

Pausa, familia y escuela como espacios en los que el sujeto retoma lo social humano desde los momentos que se necesitan para relacionarse con el otro.     


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Fuentes bibliográficas



-       Arlandis López, Sergio; ‎ García García, Miguel Ángel. (2011). Olvidar es morir: Nuevos encuentros con Vicente Aleixandre. España: Universitat de Valéncia.

-       Bourdieu, Pierre. (2007). El sentido práctico. España: Siglo XXI Editores.

-   Bastidas Urresty, Édgar. (2016). El nuevo milenio y las tecnologías. Bogotá: El Tiempo - (versión virtual). Disponible en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16649879

-    Canclini, Nestor García. (2015). Hacia una antropología de los lectores. México: Ediciones Culturales Paidós, S.A., de C.V.

-    Kimble, Charles; Pecina Hernández, José Carmen. (2002). Psicología social de las Américas. México: Pearsons Editores

-   Padilla Sierra, Gloria; Ramos Tejeda, Magdalena. (2002). Psicología del aprendizaje. México: Editorial El Manuel Moderno

-    Perinat, Adolfo; Lalueza, J.L. (2007). Psicología del desarrollo: un enfoque sistémico. Barcelona: Editorial OUC.

-    Virilio, Paul. (2006). Velocidad y política. Buenos Aires: Editorial La Marca.

  
     Fuentes imágenes
    
   
    
 http://disonancias-zapata.blogspot.com.co/2016/08/paul-virilio-el-cibermundo-la-politica.html

http://www.curiosity.media/el-discurso-de-chaplin-a-favor-de-la-democracia-y-contra-la-avaricia-el-odio-e-intolerancia-cumple-75-anos/

https://cafecomsociologia.com/pierre-bourdieu-la-logica-de-los-campos-habitus-y-capital/



Feb 8, 2017

La institucionalización de la lectura: ¿y dónde ha quedado la lírica?


Por
toto

Es común escuchar que algo es lírico porque alude o se mueve en medio de manifestaciones que giran en torno al buen recuerdo, a la nostalgia, a la bohemia, al gusto… a las letras. Aquello que está muy cercano a las fibras humanas de lo emocional, y por tanto, está ligado al sentir.

Hegel, por ejemplo, relaciona la lírica con el mundo interno del individuo donde éste encuentra “las pasiones de su propio corazón y espíritu” (Estética VIII, La poesía, 1832). De ahí, que se podría decir que la lírica es una expresión enmarcada en el sentimiento y la esperanza. 

Por ello, y desde un plano general, cuando un determinado comportamiento o práctica está proyectado desde lo lírico, puede conllevar, guste o no, a una pausa para pensarse a sí mismo, en el entorno y el contexto en que se habita.

Lo lírico, por ende, tiene la esencia de la identidad, la aceptación y el disfrute. Y es por esta razón de lo esencial, que cuando no hay lírica los resultados del sentir, del pensar y del hacer, solo reflejan acciones grises y rígidas donde el quehacer está por encima del ser expresus. 

[…] Dimensionar la lectura como una práctica que acude a la lírica […] como un marco desde donde se puede comprender también, como lo expondría Didier Álvarez, las necesidades del alma de sujetos y comunidades.

En este sentido, dimensionar la lectura como una práctica que acude a la lírica, entendiendo, específicamente, que no se habla de ésta última como género literario, sino, como un marco desde donde se puede comprender también, como lo expondría Didier Álvarez, las necesidades del alma de sujetos y comunidades, es posibilitarla como una oportunidad recíproca en la que quien la promueve, igualmente, está siendo lector y promotor de su auditorio y, en consecuencia, la práctica de la lectura puede llevar a que se realice desde matices de pertinencia y gusto.
 
Lamentablemente, el mundo contemporáneo ha traído consigo una serie de dinámicas cuya intencionalidad, pareciera, es la de esquematizar al ser a través de políticas y normalizaciones de competitividad y sostenibilidad, que han hecho de lo lírico solo un enunciado. Y en esto han debido entrar los estados, las entidades y las instituciones, pues, de lo contrario, su existencia en el contexto y en el entorno, estará relegada o desaparecida, en tanto no se cumple con las exigencias de un mercado.   

De ahí que la lectura, a pesar de que se sustenta desde políticas estatales y desde reclamos institucionales para que se practique, al tiempo, no se proyecta como una práctica necesaria para que se enriquezca el capital cultural de un país, siendo éste, la base fundamental de la proyección personal, profesional y social de los sujetos que lo conforman.  

El mercado ha hecho de la lectura un párrafo más de los discursos de las campañas electorales. Una cifra estadística de los entes estatales y una acción operativa de los planes institucionales que la han llevado a que se convierta, en ocasiones, en un simple argumento presentado en congresos, en discusiones académicas o reuniones sociales al compás de un vino o un café. ¡Es allí donde se acude a la lírica!  

¿Qué pasará entonces con la lectura por gusto? ¿Se estará proyectando desde los estándares de calidad? ¿Dónde quedan los sujetos a quienes se les promueve la lectura? 

Una cosa es dar cumplimiento a las exigencias formales, pero, otra muy distinta, es querer encostalar a la lectura y los lectores dentro de un cuadro porcentual. 

La lectura, de acuerdo con Freire (1984), es un acto de liberación que le permite al sujeto hacer las catarsis emocionales, creativas e intelectuales de su propia existencia. Es la posibilidad para que el sujeto establezca los acuerdos con la sociedad y pueda afrontar las angustias a las que ésta lo lleva. Por ello, no puede dimensionarse dentro de una escala numérica que requiere aumentarse. 

La lírica de la lectura, aludiendo a Barthes (citado por Metcalfe, 2015, p. [65]), “es hacer trabajar a nuestro cuerpo (…) a partir de la invitación de los signos del texto”. Pero, tal y como se está proyectando hoy ese trabajar el cuerpo desde la lectura,  podría llevar a fisionomías lectoras estáticas que solo posarían para la fotografía de sustentación institucional. 

El cuerpo es vida, movimiento y decisión en el mundo, por lo tanto, querer enmarcarlo bajo premisas de mejoramiento de la calidad, es pretender estandarizar las manifestaciones culturales en las que éste sustenta su configuración.

La lectura como un cuerpo, producto de tales manifestaciones, requiere, por ende, practicarse sin ataduras formales, en tanto es también el cúmulo de las riquezas que el sujeto configura para relacionarse con sus pares humanos y sociales.

La lectura, de acuerdo con Freire (1984), es un acto de liberación que le permite al sujeto hacer las catarsis emocionales, creativas e intelectuales de su propia existencia.
Como una práctica cultural, la lectura debe permitir la lucha por la libertad. Debe ser un espejo no empañado por postulados discursivos que ganan el aplauso de un elector, de un jefe o un grupo sui géneris cuyas acciones propenden por el “bienestar” de una comunidad. Así  que no debe bañarse en el “regocijo” de ese “bienestar”, puesto que su lírica sucumbiría ante la normalización. 

¿Será entonces, por ello, que existe esa distancia entre los planes estatales e institucionales de lectura con las necesidades lectoras de las comunidades? ¿A qué se estará dando prioridad hoy cuando se promueve la lectura? ¿La promoción de la lectura estará respondiendo, más, a exigencias del corte institucional que a las expectativas lectoras de los sujetos?     

No se trata de romantizar la práctica de la lectura, sino, de plantear una reflexión para que se evalúe lo que se está haciendo hoy en relación a su promoción. 

La lectura es también un acto íntimo de los sujetos que requieren de ella como un sillón de psicoanálisis donde se posan para expresar las incertidumbres de su ser, ¡y esto... no tiene ninguna escala de medida!    


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Fuentes bibliográficas

- Álvarez Zapata, Didier; Giraldo Giraldo, Yicel Nayrobis; Rodríguez Santamaría, Gloria María; Gómez Vargas, Maricela. Acercamiento al estado actual de la promoción de la lectura en la biblioteca pública en Colombia. En: Revista Interamericana de Bibliotecología, vol. 31, núm. 2, julio-diciembre, 2008, pp. 13-43 Universidad de Antioquia Medellín, Colombia.

- Andrew Metcalfe, Ann Game. (2015). Sociología apasionada. Barcelona: Editorial UOC.

- Chartier, Roger. (2009). El libro y sus poderes. Siglos XV – XVIII. Medellín: Universidad de Antioquia.

-------------------- (1994). Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna. Madrid: Alianza Editorial.

- Freire, Paulo. (2004). la importancia del acto de leer y el proceso de liberación. México: Siglo XXI Editores.

-  Ramírez Leyva, Elsa M. [Comp.]. (2006). Las prácticas sociales de lectura. En: Segundo Seminario Lectura: pasado, presente y futuro. México: Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas. UNAM.

- Uribe Tirado, Alejandro; Alvarez Zapata, Didier; jaramilloa Cadavid, José Roberto. De leer, serie radial sobre la promoción de la lectura. En: Revista Interamericana de Bibliotecología, vol. 31, núm. 1, enero-junio, 2008, pp. 67-83. Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia.

-          La estética de        Hegel. Disponible     en:  http://www.raco.cat/index.php/convivium/article/viewFile/76231/99005







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