May 13, 2014

¿Dónde se cruzará el interés por leer de acuerdo a las distintas intencionalidades donde se gesta?




Este texto no es más que un ejercicio vinculado a lo extremo, cuya pretensión es tratar de lograr una vinculación entre el interés que tienen los ámbitos gubernamental, cultural y social para que los miembros de la sociedad lean. Ello supone un juego de especulaciones, tal vez, con algún grado de acierto, frente a las paradojas o contradicciones que pueden existir entre los postulados, enunciados, objetivos y gustos que entre unos y otros se tejen y que lo más seguro es que se distancien de las prácticas o expresiones sociales a las que contribuye la lectura.  
La lectura como instrumento para… o como práctica cultural para… o como contribución al conocimiento porque… o como simple práctica, tiene un plus interesante que la hace pasar de lo abstracto de la palabra misma “lectura” al encadenamiento de preguntas, preocupaciones y acciones tangibles que necesitan saber ¿por qué sí? o ¿por qué no? se practica el acto de leer.
 
Desde el punto de vista gubernamental, y empieza aquí lo paradójico del asunto, de cierto tiempo histórico hacia acá se han venido gestando una serie de estrategias enmarcadas en planes de lectura cuyos intereses responden a lo planteado en los planes de desarrollo que solo tienen vigencia en el tiempo de gobernabilidad que contemplan las cartas magnas, a no ser que se decrete acerca de la ampliación del tiempo de gobierno. Es decir, y como muestra de ello, no es sino darse cuenta de los distintos planes de lectura que entre la década de los 80s hasta hoy (siglo XXI)[1] se han creado en Colombia, y cuya denominación ofrece un variado portafolio, para entender que el tema de la lectura ha dado respuesta más a un asunto de gobierno que a un asunto de cultura y de sociedad. De ahí que valdría la pena preguntarse entonces ¿si el variado interés gubernamental puede cruzarse con el interés cultural, académico, social y personal?[2] ¿Cuál es entonces, en el discurso del ejercicio político, el interés de los gobiernos para que se lea?
 
Si “leer libera” como lo promulga una de las campañas del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas del Ministerio de Cultura de Colombia del año 2003, ¿por qué entonces, en ocasiones, los posibles “activistas” lectores que expresan su inconformidad frente a lo gubernamental, son reprimidos y estigmatizados por los mismos gobiernos? ¿Hacia dónde orientan realmente los intereses lectores desde los planes de lectura gubernamentales?
 
Por otra parte, y en cuanto al ámbito cultural donde se mezclan las transmisiones familiares, escolares y sociales, y todo lo que de ello se ramifica, la práctica de la lectura se da siempre y cuando pudiese haber existido, de acuerdo con Bourdieu, el sistema de disposiciones para que esto suceda. Es decir, en la medida en que en el hogar y en la escuela se haya estimulado el acercamiento a los libros, al arte, a la recreación para poder enunciarse que se tienen los elementos transmisivos mediante los cuales se soporta la práctica de la lectura reflejada en el contexto en que se habita. El interés de la familia porque se lea en ella, impulsada especialmente por los padres, puede tener matices que giran alrededor de aspectos religiosos, políticos, económicos, etc., que de acuerdo con los intereses de proyección de los hijos; de comprensión de las lecturas que hagan en espacios de formación, por ejemplo, posiblemente se vayan distanciando con el tiempo de los intereses de lectura paternos, y muy probablemente, de los intereses de lectura planteados por lo gubernamental, ya que van adquiriendo otros intereses lectores que respondan a sus expectativas de vida.

En este orden de ideas, lo que se podría decir es que la lectura lo que activa es la reflexión frente a las propuestas del medio estatal y cultural para comprender las dinámicas reales en que se mueve el mundo social.   
Producto de lo anterior, y a manera de una “especulación real”, es probable que los intereses de lectura de los sujetos sociales, en la instancia de la vida en que se “desprenden” de la familia, de algunos enunciados y propuestas de la escuela, y por ende, de alguna “cultura” de intereses lectores planteada desde el ente gubernamental, sean totalmente ajenos a estos, y por consiguiente, los sujetos asuman una posición de refutación y de crítica frente a las propuestas de lectura de la que, consientes o no, han venido siendo partícipes.
 
Es en esto último, donde se presume un total rompimiento de los intereses de lectura de los gobiernos, de la cultura y de la sociedad, de ahí que valdría la pena entonces preguntarse ¿dónde, en qué momento, se cruzan los intereses por leer entre los gobiernos, la cultura y las personas? Y agreguemos otra ¿qué es entonces leer frente a lo que implica ser lector en los diferentes ámbitos de formación humana, social y profesional?
 
Espero que esta particular reflexión sea del interés de algún lector.   




[1] Bibliotecas Móviles creado en 1982, pasando por el Plan Nacional de Bibliotecas Públicas de Colcultura en 1989, el Programa de Bibliotecas Rurales convenido entre el Gobierno Nacional y las alcaldías municipales en 1991 y El Plan Nacional de Lectura “Es rico leer” de 1992, hasta llegar en el año 2003 a la creación del actual Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, (PNLB).
 
[2] Y no se vincula a lo educativo, en tanto es un ámbito incrustado al aparato del gobierno.
 
3. Ministerio de Cultura de Colombia. (2003). Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas.
  

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