Apr 18, 2012

El lector legitimado: dime qué lees y veré si te saludo

Por: toto

          Daniel Pennac en su libro Como una novela establece los Derechos imprescindibles del lector, en los que, entre otros, se encuentran “5. El derecho a leer cualquier cosa / 6. El derecho a leer lo que me gusta”.

Entendidos desde la perspectiva de la sociología de la lectura, se podría decir que, de acuerdo al capital cultural (Bourdieu, 1979) de los sujetos, cuya configuración se ha establecido desde un marco histórico, de interacción y de simbología, es decir, cuyas construcciones socioculturales, en ocasiones requieren de tiempo y de bagaje vital para concebirse dentro de sus percepciones, no es éticamente adecuado direccionar su práctica y gusto lector. Esto es, y para ser más específico, considerar que quienes ya tienen unas lecturas del mundo (Freire, 1991), que bien pueden estar concebidas desde dogmas establecidos en el seno familiar, deben “iniciar un proceso lector” de acuerdo a determinados comportamientos y apetencias de quienes promueven la lectura, es pretender dogmatizar su práctica lectora, sin percatar que éste también tiene establecido, desde su historicidad lectora, un marco orientador y de representación frente a dicha práctica.            

En esta medida, y concibiéndola como práctica social, la práctica lectora se realiza a partir de los valores y las concepciones que se tengan desde el capital cultural. Por lo tanto, para promoverla, se hace necesario que el promotor tenga presente el plano de inscripciones culturales con los que viene configurado el pensar y el hacer del futuro “buen lector”. Esto, en tanto, es común ver en los espacios de promoción de lectura ciertos comportamientos por parte de algunos promotores que, haciendo gala de su “experticia lectora y literaria”, emanan discursos y recomiendan textos en pro de que se sea un lector critico, reflexivo…Por ende, el gusto lector con que vienen, quienes acuden a las actividades de promoción, queda sumido en un naufragio de preocupaciones y de falsos estigmas frente al bagaje y la sabiduría del promotor, ya que no puede “competir”, desde características de calidad y conocimiento, con éste último.

La práctica social de la lectura, como se ha venido enunciando,  varía de acuerdo a las condiciones socioculturales de lector. Pretender homogenizarla desde “absolutos” discursivos y desde recomendaciones valorativas, es llevarla hacia un pozo de legitimidad que lo único que genera son ahogamientos de los hábitos lectores por parte del “futuro buen lector”. Hacer selecciones de textos, autores y lecturas desde juicios de bueno o malo, es irrumpir en los derechos líneas arriba mencionados. No aceptar la práctica de “las malas lecturas”, “los malos autores y textos”, desde fueros éticos de aceptación por tales derechos, es intervenir en el capital gustativo, que bien sea, o por los mismos pasos de crecimiento que se den en la propia historia, o por la orientación y encuentro democrático con otros textos y autores, conllevarían al aumento del capital lector. Legitimar la lectura y al lector, como lo plantea Bourdieu, desde la premisa interrogativa de ¿qué de lo que leo vale la pena ser declarado? Es decir, ¿qué de lo que leo es realmente lectura legítima?, es coartar el libre pensar. Es estratificar el gusto lector para que sea aceptado dentro de los cánones que determinados grupos de “buenos lectores”, establecen como fuente de deliberación e interacción con los otros.  

La lectura como práctica social necesita ser promovida por seres sociales que se confabulen en un espacio social, para realizar una práctica que posibilita las reconfiguraciones socioculturales, y por ende la reconfiguración del capital cultural.






 -------------------------------------------------

 - Bourdieu, Pierre. Los Tres Estados del Capital Cultural, en: Sociológica, UAM- Azcapotzalco, México, núm 5, p. 11-17.

- Freire, Paulo. La importancia de leer y el proceso de liberación. México, D. F.: Siglo XXI Editores. 1991.

 - Pennac, Daniel. Como una novela. Bogotá. Ed. Norma. 2006

3 comments:

John Saenz said...

Es cierto que la experiencia lectora puede eclipsar de alguna forma, lo he llegado a ver en los grupos literarios en mayor medida que en los programas de promoción de las bibliotecas publicas, lo cual me parece que da cuenta la formación que tiene nuestros promotores.

Por otro lado creo que es apropiada la reflexión que planteas ya que hay muchos mitos sobre la lectura y sobre los lectores que es necesario replantear
Un saludo

Hernán Darío Bermudez Ruiz - toto said...

John buenas noches.

Ante todo gracias por la lectura que has realizado de esta reflexión.

El pretender replantear el debate en torno al tema de la lectura y su promoción, es una de las premisas que tengo en aras de seguir intentando concebir alguna idea que me permita clarificar las dudas sobre el encuentro entre el lector y un texto o autor.

Gracias de nuevo...

Alexander Marín Flórez said...

Amigo toto, con respecto a esta reflexión tan valiosa, sería bueno llevarla a las esferas de las personas que trabajan permanentemente con grupos en aras de la promoción y la animación a la lectura e incluso a una sociedad dada a la valoración (bueno o malo) apriori. He visto demasiados casos donde los funcionarios (as) de X o Y biblioteca promueven, "recomiendan" y emiten juicios de valor con mucha propiedad con respecto a muchos textos. ?Será por esto que algunos lectores ya no frecuentan las bibliotecas?...Será por esto que el ejercicio homogeneo es más claro incluso en una biblioteca?

Es tu culpa si te amañas...

Espero amigo no visto, que este espacio te colabore en algo...